Blanco y negro, pero a todo color

La fotografía de Chema Madoz

27 ABRIL 2017,
Chema Madoz. Serie "El Viajero Inmóvil", 2016. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson
Chema Madoz. Serie "El Viajero Inmóvil", 2016. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Si queremos observar la confluencia entre nuestro momento contemporáneo y la tradición, deberemos poner el punto de mira en Chema Madoz. La simbología de su exposición El Viajero inmóvil nos traslada a Asturias, entorno simbólico y conceptual que muestra mediante su fotografía.

De las paredes oscuras del Centro Conde Duque, en Madrid, cuelgan numerosas piezas artísticas de tonos neutros. Esta nueva ‘remesa’ de sorprendentes fotografías ha sido apodada Miradas de Asturias. Fan incondicional de la obra de este artista, esta exposición tiene una naturaleza diferente a las que acostumbra el madrileño. En este caso, la Asturias enfocada por Madoz se coloca en el centro de la obra, dejando de lado los significantes libres de los objetos que tiene por costumbre captar.

Aunque todas las imágenes que el visitante puede apreciar son en blanco y negro, sorprende El espectáculo de la naturaleza, su único trabajo pigmentado por ser el único que posee movimiento. Lo encontramos justo al principio de la galería. Es una animación, una cascada inmensa y desbocada sobre el escenario de un teatro.

Pareciera que, al no proporcionarnos un título por obra, el autor nos diera pistas para que, dejando libre la interpretación, el receptor de la pieza pudiera reflexionar y sacar sus propias conclusiones. La irrealidad y la diferenciación de texturas alcanzan su máximo esplendor en las fotografías de Madoz, simplificando aún más lo que vemos, fuera de toda distracción.

Con los tonos neutros, el tipo de escala y el punto de vista del enfoque, Chema Madoz nos transporta a su idea del norte y nos vamos centrando poco a poco en el objeto en cuestión.

La Asturias de Madoz

La Asturias de Madoz nos traslada a las costumbres y a sus bosques. Se podría decir incluso que hay algo de ironía y humor en sus piezas.

La Asturias de Madoz tiene una simbología potente y un ‘sabor a mar’. Con una herradura que nos recuerda al escudo heráldico o una caracola con una aguja e hilo que conforma la ‘armonía de la naturaleza’ en lo que nos recuerda a una clave de sol, el artista mantiene un juego visual e inocente, con un enlace contaste al agua salada y a los misterios que ésta refleja. Su estrella de mar con una cremallera incorporada es buen ejemplo de ello.

La Asturias de Madoz tiene tradición, naturaleza y, a su vez, simbiosis con la industria. El madrileño nos habla de cómo el tejido industrial que puebla Asturias forma parte ya de su ser. Es sin duda bastante imponente la fotografía en la que vemos un tronco con barras de acero en su interior, sirviendo para ‘reforzar’. Una de las imágenes más comentadas de la galería ha sido la del asta del ciervo decorada con pájaros. Nuevamente estamos ante la comunicación entre naturaleza, la muerte y la obra del hombre. El hacha de madera nos proporciona la idea de la muerte del animal como elemento superficial.

La Asturias de Madoz tiene problemas de comunicación con el resto del país, ferrocarriles y tributo a los pescadores. El detalle del tren y su vía cuadrada hace alusión de nuevo al tejido industrial asturiano y a cómo la región se vio empujada al desarrollo ferrroviario. Una cola de ballena nos remite a su pasado pescador.

La Asturias de Madoz tiene, al fin y al cabo, una clara muestra de los mecanismos como forma de precisión y de tiempo. Con sus fotografías sentencia que las huellas del hombre siempre podrán ser borradas por la naturaleza en ese ciclo continuo, solo hay que observar esas marcas en la orilla del mar que, cuando sube la marea, desaparecen sin dejar rastro.