Cy Twombly

30 nov 2016 — 24 abr 2017 en el Centre Pompidou de París, Francia

Cy Twombly. Courtesy of Centre Pompidou
Cy Twombly. Courtesy of Centre Pompidou
22 ABR 2017

La rica y compleja obra de Cy Twombly (fallecido en 2011) abarcó un periodo de unos sesenta años. Jamás perdió un ápice de su fuerza, incluso en los últimos años de la carrera del artista. Su trayectoria es una de las más prolíficas de la historia del arte reciente. Une la cultura americana de la posguerra, dominada en el ámbito artístico por el expresionismo abstracto, y la cultura mediterránea que Cy Twombly descubre aún joven y que hace suya. El artista se mantendrá cercano a su universo natal, el sur de Estados Unidos, en una región más conocida en Europa por su literatura, gracias a nombres como William Faulkner, Carson McCullers, Flannery O’Connor o Truman Capote…

De su infancia y adolescencia en Lexington, donde crece bajo la mirada atenta de una nodriza afroamericana, Lula Bell Watts, conserva ese acento tan característico —y a veces tan difícil de entender— del sur de Estados Unidos. El entorno familiar del joven Twombly parece haber estimulado su curiosidad intelectual, desarrollado su sensibilidad y su gusto por la pintura. Cuando en 1952, con 24 años de edad, pide una beca para viajar a Europa, afirma que quiere «estudiar los dibujos de las cuevas prehistóricas de Lascaux». También pretende visitar los museos franceses, italianos y neerlandeses, la arquitectura gótica y barroca y las ruinas romanas. Comenta que le «atrae lo primitivo, los elementos rituales y fetichistas y el orden plástico simétrico…». Una vez conseguida la beca, invita al artista Robert Rauschenberg, al que conoció en Nueva York dos años antes, a acompañarlo. Embarcarán rumbo a Nápoles el 20 de agosto de 1952. La cultura abundante y original que adquiere alimentará toda su obra. Sus lecturas son como viajes —Goethe, Homero, Horacio, Heródoto, Keats, Mallarmé, Ovidio, Rilke, Safo, Virgilio— de los que sacará todo su jugo para su obra. También se inspira en otros autores menos habituales como Lesley Blanch, Robert Burton, George Gissingo o el poeta místico persa del siglo XIII Yalal ad-Din Rumi… Su gusto exquisito y refinado busca desarrollarse plenamente en el campo de la pintura.

Cy Twombly es un pintor culto, aunque esta imagen solo refleja parcialmente su compleja personalidad. El aspecto sofisticado de su trabajo se acompaña también por una atención constante a las realidades vernáculas, más o menos visibles, pero bien presentes. Dotado de un sentido del humor y de la réplica poco común, Cy Twombly, cuando quería, daba muestras de un espíritu deliciosamente retorcido. Así, ante la obra Apollo (1963), le dijo lacónicamente a Paul Winkler, exdirector de la Menil Collection de Houston: «Rachel y yo adorábamos ir a bailar al teatro Apollo de Harlem». En una serie de dibujos de 1981-1982, inscribe la expresión «Private Ejaculations», sabiendo que en el siglo XVII el término designaba unas oraciones cortas pronunciadas con fervor a intervalos fijos.

Hoy día, se sabe que la fotografía tuvo un papel importante en su arte y en su vida. El hombre discreto, por no decir secreto, que era Twombly se dejó fotografiar en muchas ocasiones. Uno de los más célebres reportajes es el que Horst P. Horst realiza para la revista Vogue. El artículo titulado «Roman Classic Surprise», escrito por Valentine Lawford, se publica en el número de noviembre de 1966 y cuenta con varias fotografías hechas en el apartamento del pintor de la via Monserrato, Roma. En ellas se ve a un dandi viviendo en un entorno palaciego. La publicación de Vogue no arregla en absoluto sus difíciles relaciones con Estados Unidos tras la controvertida exposición del ciclo Nine Discourses on Commodus en la galería Leo Castelli de Nueva York. Lo consideran demasiado chic, demasiado sofisticado, en pocas palabras, demasiado alejado de la idea que Norteamérica se hace de un artista americano.

Doce años después, en 1978, Heiner Bastian publica la primera monografía sobre la pintura de Cy Twombly. El artista toma la precaución de dar una imagen diferente de sí mismo. En la portada, aparece vestido con un suéter, pantalones tejanos y botas rústicas, y posa sentado bajo un árbol de forma negligente, rodeado de ovejas. Esta imagen pretende mostrar a un artista cerca de la tierra, en comunión con la naturaleza y adepto de una vida simple y sana. Cy Twombly tenía probablemente algo de ambas figuras, de dandi y de pastor romano.

Sally Mann, amiga de Lexington, fotografió con frecuencia a Cy Twombly al final de su vida, así como su taller. Gracias a las fotografías que ella hizo, nos ha llegado información sobre la evolución del ciclo Coronation of Sesostris que el artista termina en su ciudad natal. Entre las fotos más bellas están las del taller vacío, sin obras, con tan solo restos de pintura en la pared. Con estas imágenes espectrales de toda una parte de la obra de Cy Twombly, de este lugar de trabajo y creación, Sally Mann ha elaborado un álbum publicado recientemente con el título Remembered Light.

El Centre Pompidou organiza la primera retrospectiva completa de la obra de Cy Twombly en Europa. La exposición, de un alcance inédito, se presenta únicamente en París y reúne préstamos excepcionales procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo. Construida en torno a tres grandes ciclos —Nine Discourses on Commodus (1963), Fifty Days at Iliam (1978) y Coronation of Sesostris (2000)— esta exposición repasa toda la carrera del artista a través de un recorrido cronológico de ciento cuarenta pinturas, esculturas, dibujos y fotografías que permiten apreciar toda la riqueza de la obra, a la vez erudita y sensual. En esta selección, se invita al visitante a descubrir algunas de las piezas más emblemáticas del artista, muchas de las cuales nunca se habían expuesto antes en Francia. El catálogo que acompaña la exposición propone diversas perspectivas con ensayos que aclaran de forma polifónica varios aspectos y periodos de la carrera de Twombly. Da pie a otros artistas a compartir sus reflexiones e impresiones personales; además, explica la historia de cómo se constituyeron las dos grandes colecciones de obras de Cy Twombly —la del matrimonio Brandhorst y la de Yvon Lambert— e incluye las impresiones del hijo del artista, Alessandro Twombly. El catálogo se termina con un retrato en vivo de Cy Twombly dibujado por Nicola Del Roscio con un alegre trazo a pluma. Gracias a todos estos testimonios, el público descubre no solo al artista, sino también a la persona. Ante nosotros, Cy Twombly parece cobrar vida, tal como era.

Cada línea es una experiencia con su historia propia e innata. No ilustra, sino que es la sensación de su propia realización. La imaginería tiene una indulgencia privada o separada, más que una totalidad abstracta de la percepción visual.

(Cy Twombly)