Ese espejismo llamado privacidad

La solución 'analógica'

La mayor parte de nuestras comunicaciones diarias se producen a través de un dispositivo
La mayor parte de nuestras comunicaciones diarias se producen a través de un dispositivo
7 MAY 2017
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En el año 2017, con 215 votos a favor y 205 en contra, la Cámara de Representantes en los Estados Unidos votó para que las empresas proveedoras de Internet vendan a cualquier anunciante los datos de sus usuarios, como historial de búsqueda, aplicaciones descargadas, y el dispositivo utilizado para la navegación, al parecer sin el consentimiento de los mismos...

Lo raro es que hayan hecho pública esta votación.

Parafraseando y trayendo a colación un terrible (sí terrible) post de Scott Adams, famoso por dibujar la caricatura geek ‘Dilbert’ y, por supuesto, viendo toda esta parafernalia referente a Wikileaks, las filtraciones del Gobierno, los debates eternos sobre intrusión, desclasificación de información sensitiva y “privacidad” de las personas, ha llamado poderosamente mi atención que muchos de los participantes en esos debates, a veces autodenominados expertos, piensan que tienen el derecho a la privacidad simplemente porque está estipulado en la Constitución.

La verdad es que ese razonamiento tiene lo mismo de ingenuo que de estúpido. Toda la gente razonable sabe que los Gobiernos pueden abusar de su poder en múltiples aspectos y lo hacen incesantemente. No es nada nuevo que la surveillance de su población se encuentra bajo su mando. En realidad, los Gobiernos mundiales dividen tu vida, dentro de dos categorías principalmente:

1) Cosas que no les importan en absoluto.
2) Cosas que pueden saber de ti en cualquier momento, si existiese una razón para ello.

Hay que tener en cuenta que los proveedores de Internet y, por ende, cualquier Gobierno, (incluso me atrevería a decir que cualquier individuo con medianas capacidades técnicas, llamémosle de hacking) sabe la siguiente información acerca de ti, en todo momento:

  • Dónde vives
  • Tu nombre
  • Tu salario
  • Tu edad
  • Tu familia
  • Tu número de seguridad social
  • Dónde naciste
  • Tus antecedentes penales
  • Dónde has trabajado
  • Tus records académicos o laborales
  • Tus pertenencias
  • Tu número de celular
  • Tu historial médico, en caso de haber sido digitalizado
  • Tu información más íntima guardada en medios electrónicos (A.K.A redes sociales, correo electrónico).

Básicamente, el Gobierno clasifica nuestra información entre aquella que ya tiene, la que simplemente le trae sin cuidado, y la que podría obtener fácilmente si tuviese una razón para ello. Siendo muy realistas, es imposible hablar de que podemos perder nuestra privacidad cuando hace varios años ya la hemos perdido ante el ‘Big Brother’. Y, sin lugar a dudas, mucho hemos contribuido al respecto.

Día a día, vemos sin el menor reparo la agonía de las conversaciones ‘reales’. Mientras los dispositivos navegan peligrosamente hacia la realidad aumentada, el cómputo ubicuo y la terrible invasión del IoT, nuestras tertulias cara a cara, esa correspondencia especial y armonizadora de los seres humanos, mueren sin que hagamos algo al respecto.

Sin embargo, aun cuando el concepto de privacidad global no existe realmente, irónicamente deberíamos exigirnos una cierta actitud en las formas, al cuidarnos sobre posibles intrusiones de terceros, menos poderosos digamos. Quiero decir: actualmente podemos chatear por un sin número de aplicaciones y servicios, como Facebook, WhatsApp, Instagram, etc.,todo lo cual deja rastros electrónicos. Y mientras eso lo sabemos categóricamente, en realidad no nos hemos concienciado lo suficiente. Pensamos que esas conversaciones son efímeras (o que se autodestruyen como en Telegram), olvidando que absolutamente todo deja huellas y que sostiene un grado altísimo de persistencia en la nube.

“Nociones” como la privacidad, el derecho al olvido y el anonimato en Internet, continúan siendo objeto de discusiones acaloradas, pero yo sugiero que volvamos a utilizar medios que son 100% volátiles. Vayan a una reunión en persona, en algún café, en un bar si se puede. Hablen por líneas analógicas. Vivimos en un mundo digital donde absolutamente TODO es monitoreado, y todo permanece activo, aunque pensemos lo hayamos borrado con un simple clic.

Apaguen el smartphone o la tablet por un largo tiempo, no va a pasar nada, se lo aseguro. Salgan y disfruten sus últimas conversaciones, de contacto físico, en tanto puedan hacerlas. Auguro pueden acabarse en menos de lo que pensamos.