La muestra, curada por Luis Chacón, focaliza una cartografía de flujos humanos que se mueven a pie, en camión, en tren, en balsa, como sea. La propuesta corre por redes sociales; un no lugar (Auge 2005) que, a pesar de su inexistencia física, posibilita hacer, aunque con cierto dejo de anonimato, reflexiones de la condición humana en crisis, vista a través del cristal de la poesía.

Flujos de movilidad histórica ocurrieron en muchas regiones del planeta; sin embargo, interesa en particular abordar al istmo centroamericano, en tanto su territorialidad ya era atravesada por caminantes desde los siglos IX y X, debido a la inestabilidad social en el norte mesoamericano, desplazándose hacia la frontera sur: Guanacaste, Costa Rica.

El historiador Luis Ferrero, refiere a las riquezas ecológicas encontradas por las tribus migrantes:

Estas se efectuaron por el corredor transitable que era la costa del Pacífico de América Central, donde se encontraron condiciones ecológicas más favorables que las de la costa Atlántica. Aquella tiene fértiles llanuras aluvionales cruzadas por numerosos arroyos que descienden de las montañas. Entradas, lagunas, manglares y bosquecillos puntean la costa. Aguaceros leves, clima cálido, con gran potencial agrícola, y riqueza mineral caracterizan esta zona (p. 98).

Algo ocurrió también en las planicies caribeñas del país, a inicios del siglo XX, luego de la irracional explotación de tierras y de personas por la United Fruit Company. El novelista Carlos Luis Fallas en Mamita Yunai, 1941, situó un párrafo que lo clarifica:

Pero al poco tiempo la tierra se cansó de dar bananos y ya el cacao no significó nada para los yanquis. Entonces estos levantaron sus rieles, destruyeron los puentes y, después de escupir con deprecio sobre la tierra exhausta, se marcharon triunfalmente hacia otras tierras de conquista.

Abelardo Morales, sociólogo coautor de El territorio como recurso: movilidad y apropiación del espacio en México y Centroamérica, sostiene:

La región centroamericana es un pequeño territorio, fragmentado a su vez en pequeños territorios pertenecientes a distintas naciones, pero también en otros territorios supranacionales, articulados en torno a distintas territorialidades, por ejemplo, las regiones trasfronterizas o territorios étnicos. Como istmo geográfico, Centroamérica ha sido siempre un puente para el tránsito intercontinental, y por la existencia de redes basadas en vínculos históricos entre sus pueblos, la movilidad persiste y se integra a las nuevas expresiones de la movilidad transnacional (p. 43).

Se migra desplazado por lo político, por la carencia de empleo, impactado por la mala alimentación, salud, derechos humanos, o, como sumará en adelante un poema de Fabio Robles, para que «devuelva a sus vidas la dignidad». Los desplazados carecen de un salario para atender a la familia, fragmentada, lo cual genera desesperanza, ensimismamiento e incertidumbre al caminar. Buscan otros escenarios ante la exclusión que desvaloriza.

En este contexto, la artista barbadense Annalee Davis, con On the Map, observa un contenido que desdice el retrato pintado por la publicidad del Caribe, visto como exotismo, turismo, cohesión, holgura y confort, catapultado por hermosas playas y campos de golf. Otra realidad es moverse «sobre el mapa».

El filme visualiza las islas del archipiélago caribeño, e incluye a Belice, país que, aunque no es isla, es mirado como apéndice de Centroamérica. Esto es una adversidad discriminante; sin embargo, la muestra integra a la beliceña, Katie Numi, con una propuesta explosiva y de interés, con un apropiado manejo del lenguaje del arte contemporáneo y un abordaje nada excluyente.

Illimani de los Andes, de Nicaragua, aprecia la rencilla entre los grupos disidentes que adversan a la pareja dictadora Ortega-Murillo. Son detentores de poder que recrudecen la memoria del dolor de otros tiempos de flagelo, que provocó la guerra sandinista contra Somoza en 1979; ahora, la cúpula gobernante que, tras engaños y salvajismo politiquero, intenta perpetuarse en el poder.

Otra de las piezas de nitidez conceptual es «Limites», del salvadoreño German Hernández, quien aborda migrar al espacio exterior, como signo esperanzador ante el incierto del futuro. Ducho en tratar temas adversos, están presentes tres fotografías del también salvadoreño Fred Ramos, quien trabaja para importantes cadenas noticiosas, en las cuales se aprecia la soledad, el silencio y la desesperante adversidad de una pequeña familia delante al muro; o la algarabía en los campamentos donde perviven refugiados, en espera de que se agrieten esos muros de dominación.

La reflexión de Regina José Galindo está presente en el video-performance «Carguen a sus muertos», Nueva York, en 2018. Explora matices como la solidaridad, el asombro o indiferencia, matices con que son vistos estos «males del otro», abordados con audacia por la guatemalteca, galardonada en los principales escenarios de validación del arte.

La muestra, dedicada a la persona de Amit Ganjoo, exhibe una figura en arcilla, que refiere al «mensaje»: grito de auxilio escrito en un papel, metido en una botella lanzada al océano de las indiferencias, a ver sí por casualidad alguien lo lee. El escultor Ganjoo, dirige la escuela de artes visuales, Academia de Bellas Artes IPS, Indore, India.

El cubano emigrante a México, Carlos Aguilar, con «Don’t Stop Me», un grafiti pintado en la marquesina del Capitolio habanero, desafía a la oficialidad de su país en el intento de detener a los balseros que abandonan la isla.

Los objetos de Ángel Poyón, un sombrero que deviene espacio aéreo, y un jícaro pintado con el mapamundi, son sobrevolados, signos de un sueño de atravesar fronteras, como ocurre con la inmigración centroamericana hacia Estados Unidos, pero que para muchos también representa el retorno a casa, repatriados.

La migrante Bitty Tassara, coloca trozos recogidos en las playas del Pacífico Central en un charco de su jardín, metáfora de los navegantes que viajaron de Europa para poblar el continente siglos atrás; mientras que la peruana, Cecilia Paredes, traslada al espacio del museo esqueletos de añosas barcazas, simbolizando esos encajes de la memoria, tejidos de sueños de encontrar otro mar, de avistar hacia un nuevo puerto.

La costarricense, Elia Arce, utiliza símbolos del trabajo y la gastronomía, ubicándonos ante los conflictos en las otrora repúblicas bananeras, el desplazamiento y la movilidad. Se coloca una mano de bananos madura, como colgante en su cuello, para relacionar tantas nociones neohegemónicas y neofilibusteras con que somos mirados por los mercados internacionales.

El guatemalteco Fernando Poyón aborda el tema de la niñez, la educación y exhibe una cuna la cual es mástil de multicolores banderas nacionales. En otra impresionante propuesta, la caja del «limpiabotas», representa al humilde obrero de la calle y la niñez trabajadora, con rascacielos y sueños de conquista de un mundo, que, como muchas de sus expectativas, es tan solo un espejismo.

Marcos Lora Read, de República Dominicana, como otros caribeños, construye artefactos de vuelo o para navegar sobre las aguas del Caribe. Apuesta a la libertad, pero ataviada por duras condiciones para el migrante de países que, al ser islas, encierran con aguas tormentosas por todos lados.

Neffertiti Ingalls explora las ilusiones de las jóvenes centroamericanas por trabajar de «muchacha» o empleada de un restaurant en las grandes urbes, clamando a los políticos locales por bienestar y oportunidades para esas bandas de edad y segmentaciones sociales, tan obligadas a buscar la bonanza en los bordes del extrañamiento.

El costarricense Otto Apuy, de origen chino, explora el simbolismo de objetos y materiales vernáculos, para hablarnos de ensoñación, al cargar un respiro que les devuelva dignidad. Rafael Ottón Solís presenta fotografías donde incluye «Al Norte con Nicaragua», ganadora en 1977 de la Medalla de Oro del Salón Nacional de Artes Plásticas, y otras simbologías que disertan del sector obrero, gustos y aficiones.

Paula Heredia, de El Salvador, alude a paisajes en los cuales prevalece lo idílico centroamericano: catapultarse al lugar del otro y tener acceso a esa otra cultura de contradicciones.

Una de las piezas que más me anclan con la naturaleza de la propuesta, es «Mi-Gran-te», paradoja vivenciada por individuos que a veces se ahogan hasta en una taza de agua. Con una figurilla plástica de un buzo, la fragmentación de la palabra y la etiqueta de una marca de té vuelven quisquillosa y juguetona esta intervención del nicaragüense Raúl Quintanilla.

Para Rebeca Alpízar migran dos sillitas del jardín para niños, cambian escenarios como lo pueden ser los aposentos y el mobiliario de una casa popular costarricense, trocadas por los deseos de cambio. Ricardo Ávila, costarricense, hoy radicado en México, aborda en su pintura símbolos de quien migra, pies, manos, edificios, autos, sueños de quien explora y busca ese sol que le caliente mejor.

Roberto Lizano, de Costa Rica, recoge plásticos de las playas que ensucia la basura que llega por los ríos desde la gran área metropolitana y compone con esos objetos cuadros matéricos; son denuncias de tal contrariedad ecológica. Con un tono del lenguaje muy similar, Tony Capellán, de República Dominicana, recoge objetos, suelas de chancletas a los cuales cambia el sostén de hule por un alambre de púa; colecta peines, cepillos y objetos del cuidado personal para conformar una barrera de esos subproductos tirados a las alcantarillas o los ríos y, que, con seguridad, llegarán al mar.

Otros participantes de esta muestra son: A. Siliezar (CR), A. Wein (Israel-CR), A. Cañas (CR), Colectivo Hapa (China-CR): A. Matteucci (CR), Jennifer Karczynsski, (CR) K. Olsen (CR), E. Callejero (CR), F. Córdoba (Italia-CR), H. Escobedo (México), H. Caño (Puerto Rico), I. De Obaldía (Panamá), J. Mejía (CR), J. Orellana (Honduras), L. Chacón (CR), LF. Quirós (CR), M. Vega (CR), M. Hernández (CR), M. Castro (CR), N. Bebout (CR), O. Linares (Rusia-CR), P. Mejías (CR), P. Anskin (Rusia-CR), R. Matamoros (CR), Z. Soto (CR), S. González (CR), V. Navarro (Honduras), V. Montero (CR), J. Zomoran (Nicaragua-CR), O. Sequeira (CR), B. Fontanarrosa (CR).

On the Map

Volviendo al filme compartido por la barbadense, este publica la entrevista a un migrante guayanés indocumentado; comenta que los ciudadanos de Barbados les dan a ellos un trato —aunque también son caribeños—, como a «otros». Esta es la realidad desfigurada y el común denominador en el istmo, a pesar de que se habla de cohesión regional, los ciudadanos de un país a otro llaman a quienes migran a su suelo como «otros», signo de discriminación y xenofobia.

El poeta costarricense, Fabio Robles, acude a la visión del arte actual de convivencia con otras artes, entre otras la poesía, y nos comparte Migrantes:

Buscando condiciones de bonanza
salen de sus países los migrantes,
sus vidas miserables y agobiantes
transitan por la cruel desigualdad.
Desesperados buscan horizontes
donde aparezca un sol resplandeciente
que les ofrezca pan para su gente
y devuelva a sus vidas dignidad.

En su aventura arriesgan sus haberes
transitan por montañas y desiertos
caminos que son solo para expertos
superarlos los llena de emoción.
Siempre luchan valientes por sus vidas,
la mayoría llegan de “mojados”
siendo por sus patrones maltratados
pero guardan intacto el corazón.

El sentido de exclusión no tiene que ver tan solo con nacionalidad, sino con tensiones raciales, étnicas, políticas, de género e, incluso, hasta preferencias sexuales; son el «mito del otro», de quien camina, se moja o balsea sobre un mapa que es como el suelo movedizo.

Persiste una realidad enfrentada, cuyas contradicciones no han sido superadas; aunque se realicen foros, se publiquen libros o investigaciones, el arte también está en deuda. Como es el caso del «coligallerismo» fronterizo en Crucitas —zona limítrofe entre Nicaragua y Costa Rica— o el de los deportados que vienen de vuelta, los cuales han sido poco abordados e invisibilizados.

Importa observar estos flujos para que emerjan comentarios sociales y críticos ante el poder hegemónico, poseedor del oro y la plata, pero insensible e inhumano ante la condición del otro, de ese que se ahoga o desmaya deambulando por estas rutas de la desesperanza.

Referencias

Ferrero, L. (2000). Costa Rica Precolombina. Editorial Costa Rica.

Fallas, C. L. (1941). Mamita Yunai. Editorial Costa Rica. 1998.

Morales, A. (2018). El territorio como recurso: movilidad y apropiación del espacio en México y Centroamérica. FLACSO.