Luko Hilje
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Luko Hilje

Hijo de Pasko Hilje, un obrero croata que tras la Primera Guerra Mundial se alejó de la costa adriática para nunca volver, así como de Carmen Quirós, una costarricense oriunda de Naranjo, Alajuela, vine al mundo el 21 de setiembre de 1952, para completar una prole de once hermanos. En mi hogar siempre hubo libros, nunca faltaron los periódicos y se vivía en tertulia permanente, en medio del buen humor, al igual que un espíritu de respeto y tolerancia a las ideas de los demás. Asimismo, ahí aprendí que hay que ser laborioso, responsable y honesto, pero que la vida hay que tomársela no tan en serio.

Mediocre estudiante en primaria y secundaria, me interesaba tan solo el fútbol; y, aunque jugué en un par de equipos de mi barrio, tampoco era buen jugador. Perezoso para leer, aún siento remordimiento por haber dejado intactos dos libros que mis hermanas me regalaron para una Navidad; creo que eran Matías Sandorf, de Julio Verne, y El corsario negro, de Emilio Salgari. Espero leerlos algún día, para saldar esa deuda con ellas y conmigo mismo.

Mi vida dio un giro radical al ingresar a la Universidad de Costa Rica (UCR), donde aprendí a disfrutar de la lectura. Me embelesé con los libros. Pasaba horas de grato ocio en la biblioteca, esculcando en los anaqueles, y palpando los que a primera vista me atraían; y digo palpar, porque por algún curioso atavismo, nunca he podido empezar un libro sin antes abrirlo y deslizarlo por mi rostro, para oler su tinta y sentir la textura del papel.

Absorto ante esos estantes repletos de innumerables libros, a cual más de atractivo, soñaba con escribir un libro algún día. Hoy, a mis casi 65 años de edad, he tenido la fortuna de publicar cinco -como autor, coautor principal o editor- en mi campo de especialización, así como seis de carácter histórico; dos más están cercanos a salir a la luz, y otros dos están en gestación.

Debo decir que mejoré mucho como estudiante, y también me gradué como licenciado en Biología en la UCR, y obtuve el doctorado en Entomología en la Universidad de California, en el campus de Riverside (UCR). O sea..., ¡cursé todos mis estudios universitarios en la UCR!

Especialista en manejo de plagas agrícolas y forestales por métodos bioecológicos, laboré en la Universidad Nacional (UNA) durante unos 15 años, y después 13 años en el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), un ente de cobertura latinoamericana, del cual ahora soy Profesor Emérito y mantengo proyectos ahí. Es decir, aunque ya jubilado, sigo activo en mi campo profesional, y en ocasiones doy algunas clases y conferencias, lo cual me apasiona.

Alguna vez, invitado como colaborador por un periódico local, en mi artículo de presentación me preguntaba por qué escribo y, tras meditarlo un rato, respondí: «Aún no lo sé a cabalidad, pero intuyo que es por un impulso interno, provocado por la necesidad imperiosa de comunicar y compartir, casi tan urgente como la de respirar. Y esto es congruente con mi vocación y actividad de investigador y profesor, que siempre he disfrutado mucho, no solo en las aulas universitarias, sino también en revistas científicas y en charlas con extensionistas y agricultores».

Hoy, además de unos 160 artículos en revistas científicas formales, 25 capítulos en libros y unos 40 panfletos para extensionistas y agricultores, he publicado casi 400 artículos en la prensa. Y ahora, como invitado del Wall Street International Magazine, tengo una motivación adicional para continuar escribiendo. Sobre todo como aficionado a la historia, pues, entre vetustos periódicos y documentos del Archivo Nacional de Costa Rica -¡que no ceso de olisquear!- dedico mucho de mi tiempo a la investigación, el rescate y la difusión de hechos y personajes olvidados, sobre todo de aquellos relacionados con mi patria.

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