Francisco  Barbarrubia
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Francisco Barbarrubia

En A Caniza, una pequeña villa situada en la zona alta del valle formado por la sierra de A Paradanta y la del Suído, Galiza, me alumbran en el año 89.

Música celta, aves, economía circular o montañismo son de las primeras especializaciones que se me atribuyen en el sesgado rol de una comunidad casi tolkiana, una sociedad á feira.

La planificación cuadriculada y orden esculpido en la universidad, me aboca a citar la Universidade de Vigo como alma mater y a Tesla como referente en el campo de la ingeniería eléctrica. Como un rayo, los años universitarios vuelan y, con ellos, yo mismo en 2013 aterrizo en la primera etapa de mi viaje extracontinental, la antipódica y salvaje Australia.

Viajando, deviniendo, observando y viviendo la naturaleza, aprendiendo de gentes de aquí e acolá muero con el sol en atardeceres de oriente y occidente y nazco nuevamente en algún río andino, en el bullicio de alguna capital europea o rodeado de microplancton (y microplásticos) de alguna playa del pacífico occidental.

Hoy por hoy compagino mis estudios de gaita gallega, que comenzaron algún día hace 15 años, con el desarrollo compartido de una pyme certificada como empresa B de energías renovables y eficiencia energética en el lado este de los Andes, en Valdivia, Chile.

Quizás aquí siga aprendiendo de la cosmovisión del pueblo mapuche, quizás encuentre respuestas en la fortaleza del pueblo a la violencia sufrida en el pasado siglo de sangre y quizás sobreviva a la violencia ocasionada contra los que luchan por el medio ambiente en el epitelio de América latina.

Ei carballeira!

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