«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo...».

(Márquez, 1967)

Al menos una vez, habremos escuchado esta frase, y no es para menos, pues se trata de una de las más famosas aperturas escritas para un libro.

En la internacionalmente premiada novela Cien años de soledad, el galardonado escritor colombiano Gabriel García Márquez – Nobel de Literatura en 1982 –, nos envuelve con la historia de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones, predominadas por la incapacidad de amar, el incesto y los prejuicios, siendo una estirpe condenada a un siglo de soledad entre los crédulos y expectantes habitantes del pueblo ficticio de Macondo.

Considerado una obra maestra de la literatura universal, habiendo sido traducido a más de 30 idiomas y sufriendo censuras en ciertas adaptaciones, el libro es la perfecta expresión del «realismo mágico». Este movimiento literario del siglo XX se caracteriza por poseer principalmente:

  • Contenido lleno de elementos mágicos, percibidos por los personajes como lo usual.
  • Presencia de lo sensorial como parte de la apreciación de la realidad.
  • Ambientación en los niveles más crudos de la marginalidad social, donde la concepción mágica se hace presente.

Específicamente, algunos ejemplos de la presencia de esta corriente en la novela son las constantes apariciones de muertos; la desaparición de Remedios, la bella, quien se despide elevándose por los aires y envuelta en las sábanas de los Buendía; la larga vida de Úrsula — «La última vez que la habían ayudado a sacar la cuenta de su edad, por los tiempos de la compañía bananera, le había calculado entre los ciento quince y los ciento veintidós años» —; la invasión de mariposas amarillas; la lluvia prácticamente incesante durante casi cinco años; los pergaminos flotantes; entre muchas otras creaciones de la pluma de García Márquez.

En los tiempos que corren, donde predominan las adaptaciones de grandes y reputadas expresiones artísticas a las nuevas tecnologías, Netflix no se queda atrás y anuncia su propia producción de Cien años de soledad, lo que significa un reto bastante importante, dadas las múltiples referencias sensoriales y los escasos diálogos que hay en el texto, por mencionar dos elementos característicos. Sin embargo, un clásico siempre será un clásico, independientemente de lo que venga después.

Este proyecto se presenta como una manera de rescatar el trabajo de García Márquez, difundiéndolo entre las generaciones más jóvenes. No obstante, dejando de lado las facilidades propias del formato digital, todo ser humano – y más aún si es amante de la cultura – debería leer esta gran novela para introducirse en una clase magistral de la narrativa enfocada en el realismo mágico que hace de Cien años de soledad la valiosa pieza que es.

Si es su primera vez con esta obra, les recomiendo acercarse a ella con el apoyo de un árbol genealógico, prestando mucha atención a cada valioso detalle que brilla entre la enorme cantidad de José Arcadio y Aureliano Buendía que, con el hábito de hacer para deshacer, demuestra que para las estirpes condenadas a cien años de soledad, no hay segundas oportunidades sobre esta tierra.

Bibliografía

Márquez, G. G. (1967). Cien años de soledad.