Nació en Florencia, Italia, en marzo del año 1469 y murió en el año 1527. Hijo de un abogado florentino importante pero económicamente venido a menos. Es considerado un extraordinario filósofo político del siglo XV, debido a que construyó una realista y rigurosa ciencia política de su tiempo, sin velos religiosos ni morales, por eso se dice que Maquiavelo caía en el llamado relativismo moral. Se le considera iniciador de la ciencia política moderna. Además, era un excelente escritor y desempeñó diversos cargos públicos y diplomáticos representando a diferentes gobiernos florentinos. Su filosofía se puede resumir en la siguiente frase «el fin justifica los medios», escrita por Napoleón Bonaparte en la tapa posterior del libro El príncipe que poseía.

Aunque los libros no lo señalan, Maquiavelo había estudiado a Cicerón, Tito Livio, y Plutarco entre otros y también a Tucídides el primer historiógrafo griego, creo yo que es probable lo influenciara el siguiente pronunciamiento de Tucídides de su conocido «dialogo Meliano», quién ahí relataba que era válido en las relaciones diplomáticas anteponer el poder a la ética. Además, dicho historiador valoraba las relaciones entre las naciones en función de su poder y no en razón de la justicia.

En la actualidad, cuando decimos tiene una sonrisa maquiavélica o es un método maquiavélico, queremos con ello referirnos a algo sinuoso o turbio lo que es totalmente injusto, ya que Maquiavelo lo que hizo fue reflejar en sus escritos la época y los problemas sociopolíticos existentes donde, partiendo de los hechos de esos tiempos y con sinceridad intelectual, señalaba la conducta que debería tener un príncipe para afrontar de la mejor manera posible la cruda realidad de la política de la época.

Él señalaba que, en algunos momentos para que un gobernante logre salir de una crisis o mantener una posición de poder, debe estar preparado para actuar en contra de uno u otro principio moral, pero si se ve la política de ese tiempo, y en especial de Italia su patria, lo que hizo fue aconsejar partiendo de la realidad existente. Pese a ello, algunos consideran que eso era amoral. Pero la realidad es que Maquiavelo fue el gran desenmascarador de las hipocresías que habían prevalecido en la política a lo largo de los siglos. Intentó asentar las bases de un sistema político válido y aplicable a la realidad existente. De hecho, su obra se convirtió en una referencia imprescindible para los gobernantes de la época.

En realidad, era un realista, pero a veces costaba entenderlo. El ser humano decía, es siempre el mismo y, en consecuencia, también lo es la política, y los hombres la repiten al ignorar precisamente su uniformidad, siempre ocurren los mismos escándalos en todas las épocas. Durante su vida, tuvo relación con el poder del Papa Alejandro VI y su hijo Cesar Borgia, el duque de Valentinois, su héroe, personas a las que se refiere en el El príncipe. Maquiavelo en varias ocasiones coincidió con el famoso pintor Leonardo da Vinci en el palacio, manteniendo largas conversaciones con él según relata.

En su obra, El príncipe se convierte en el creador de una política basada en la realidad de la época y no en una moral teórica. Ahí presentó los hechos como eran y no como meras imaginaciones. Las crueldades que enumera en su libro él no las presentaba como «valores humanos», sino como realidades que forman parte de la vida política y a las que, por lo tanto, hay que tener en cuenta. Se dice que el escribió este tratado de doctrina política de su tiempo, para mostrar a Lorenzo de Médici cómo debería desempeñarse si es que quería unificar Italia y sacarla de la crisis en que se encontraba. Un dilema famoso de Maquiavelo era: «Si en un gobierno valía ser más por ser amado o temido: el amor decía, es un vínculo de gratitud que los hombres mezquinos por naturaleza rompen siempre que pueden beneficiarse; pero el temor es el miedo al castigo que no se pierde nunca».

Se ha dicho que aconsejaba la crueldad y la mentira como método de hacer política. Pero él insistía en señalar que no intentaba defender esas crueldades, sino demostrar que también ellas pueden ser racionalizadas mediante un riguroso utilitarismo y, en consecuencia, dominadas por la razón humana. Aconsejaba a los príncipes lo que creía era lo correcto en esa época, en la cual los hombres debían ser halagados o destruidos, pues de las ofensas pequeñas se vengan, en tanto de las graves no pueden si ya han desaparecido. El problema es que Maquiavelo tenía una visión del mundo como era y no como señalaba la tradición cristiana.

Cuando Guillermo Savonarola, un predicador radical que luchó contra los Médici y los exilió de Florencia donde prácticamente gobernaban, fue depuesto, los nuevos gobernantes nombraron a Maquiavelo segundo Canciller, una vez que los Médici regresaron, fue acusado de estar involucrado en un golpe de estado contra ellos y por eso fue depuesto y enviado al ostracismo, a vivir en su finca en las afueras de Florencia.

Sin embargo, tiempo después los Médici lo perdonaron y el cardenal Julio que en 1523 fue elegido Papa, le encargó algunas misiones diplomáticas y la elaboración de dos obras, sobre la historia de Florencia, una sobre el «arte de la guerra» y la otra, Historias Florentinas.

En sus Discursos comparaba con sinceridad las ventajas y desventajas de los diferentes sistemas de gobierno, llegando a la conclusión de que la mejor y más estable es la república, ya que cuenta con el apoyo de todo el pueblo. En esta existe una comunidad d espíritus contrapuestos, el del pueblo y el de los grandes que los quieren gobernar y por eso están en constante conflicto. Para funcionar, debería disponer de las instituciones necesarias para resolver los conflictos dentro de la misma, ya que sin estas la república fracasa. Para él la monarquía, la aristocracia y la democracia, así como las oligarquías y las tiranías eran inestables.

Tanto la monarquía como la república necesitan leyes para organizarse; porque el príncipe que hace lo que quiere es un insensato y el pueblo, en igual caso, no es prudente, pero veía más virtudes en el pueblo que en los príncipes.

Y si en su libro El príncipe aparece partidario de la monarquía, es porque era la única forma en esa época de unificar a Italia. Se le ha acusado por sus escritos como un genio diabólico sin ninguna ética lo cual es falso, lo que él hacía era separar la ética de la política y, para ello, bastaba con observar la realidad de la historia de Italia. Si un príncipe vence, todo se justifica y el vencedor impone sus leyes, eso es hacer política. Para Maquiavelo los que habían alcanzado gran riqueza y poder lo habían conseguido en la mayoría de los casos por la fuerza o con engaño y considera que, en la mayoría de los casos, los hombres son ignorantes o malvados. Lo bueno y lo malo varían de país a país, pero el mundo sigue siendo el mismo. Visto así, bajo ese frío realismo hay una ferviente pasión de tratar de enseñar a sus connacionales el poder lograr un Estado eficiente. Y el camino para alcanzar también en Italia, la formación de una de esas monarquías nacionales con un único Estado, como existía en Francia y España.

Extraordinaria fue la respuesta que les dio a los príncipes italianos en cuanto a cómo evitar las constantes guerras entre ellos. Les dijo: «Los médicos dicen de la tisis (tuberculosis), que al principio es fácil de curar y difícil de conocer, mientras que con el correr del tiempo, no habiendo sido al principio conocida ni remediada, es fácil de conocer y difícil de curar». Con ello señalaba que, para prevenir una crisis entre dos estados, hay que averiguar la causa y tratar de resolverla pacíficamente, ya que de lo contrario hablarán las armas y se crearán problemas graves para ambos.

Cuando le preguntaron que creía era lo más difícil de realizar para un gobernante respondió: «No hay cosa más difícil de emprender, ni de resultados más dudosos ni de más arriesgado manejo en el campo de la política, que ser el primero en introducir cambios o disposiciones importantes, aunque vayan en beneficio de la mayoría. Porque el introductor tiene por enemigos a todos los que se benefician de las instituciones viejas y por tibios defensores a todos aquellos que se beneficiarán del cambio». Señalaba que eso se debe eso en parte al temor a lo nuevo debido a la incredulidad de los hombres, quienes no creen de verdad en cosa alguna nueva, hasta que la ratifica una experiencia firme, ya que han sido engañados muchas veces.

El método que siguió para la construcción de una ciencia política que sirviera a los italianos se basaba en la observación de los hechos, en su concreta realidad y no en especulaciones, buscando que sus sugerencias ayudaran a captar la auténtica diferencia entre Estados bien ordenados y Estados corruptos, y conocer así científicamente en qué consiste la virtud política. Para muchos, él mostró las hipocresías que prevalecían en cuanto a hacer política a través de los siglos, ya que en realidad lo que quiso fue ser pragmático en el campo político al mostrar no cómo debe ser el poder, sino cómo funciona en la práctica. Él no era un pensador maquiavélico como dicen, sino realista.

Francis Bacon señaló: «Es mucho lo que debemos a Maquiavelo, que a diferencia de los demás se dedica a contar qué hacen los hombres, y no qué es lo que deberían hacer».

Notas

Geymonat, L. (1985). «Nicolás Maquiavelo». En: Historia de la Filosofía y de la Ciencia. Madrid, España: Editorial Crítica. Cap. 4; 54-58.
Magee, B. (1999). «Nicolás Maquiavelo». En: Historia de la Filosofía. Barcelona, España: Ed. Blume. pp. 71-73.
Maquiavelo, N. (1976). El príncipe. Medellín, Colombia: Editorial Bedout.
Maquiavelo, N. (1978). «Discursos» En: Teoría Política y Moralidad. Buenos Aires, Argentina: Centro Editor de América Latina. pp. 45-46.