Federico García Lorca padeció a finales de los años veinte una profunda depresión por un desengaño sentimental del que le nació un dilema por su homosexualidad; a consecuencia de ello marchó a la Universidad de Columbia en Nueva York donde residió entre el 15 de junio de 1929 al 4 de marzo de 1930, partiendo posteriormente hacia Cuba, donde residió por un espacio de tres meses dando conferencias y haciendo amigos antes de regresar a España en junio de 1930.

A Lorca le impactó profundamente la sociedad norteamericana porque coincidió con el crack o gran depresión del 29, y sintió desde el inicio de su estancia una profunda aversión hacia la sociedad moderna, al tiempo que repudiaba el trato dispensado a la minoría negra y la segregación racial. El poemario Poeta en Nueva York (PNY) fue para Lorca un grito de horror, de denuncia en clave surrealista contra la injusticia y la discriminación, y contra la deshumanización de la sociedad moderna, al tiempo que reclamaba un nuevo espacio humano donde predominase la libertad y la justicia, el amor y la belleza, y el sentido común ante la hipocresía.

El desengaño amoroso de García Lorca

García Lorca necesitaba un cambio de ambiente como escribiera a su amigo cubano José María Chache y Calvo en carta de 1925: «estoy pasado una malísima temporada». A su amigo Melchor Fernández Almagro, en carta de 1926, le escribe «todo me parece lamentable en mi poesía». Lo que evidencia un estado depresivo de autocrítica y autodestrucción. A Carlos Morla Linch en carta de 1929, le dice: «En Granada estoy como Jonás dentro de una ballena». El 6 de junio del mismo año le escribe otra carta desde Nueva York con lamentos, sobre todo por la pérdida afectiva de Salvador Dalí, compañero en la Residencia de Estudiantes de Madrid, que fue acaparado por Buñuel, y la más dolorosa, el abandono del amigo íntimo Emilio Aladrén Perojo, con el que supuestamente Lorca tuvo una relación amorosa entre 1928 al 29, que finalizó cuando se compromete Emilio con su novia Eleonor Dove, porque era bisexual.

En el año 2019 se cumplieron los noventa años del viaje de Federico a Nueva York (1929-1930), tras una ruptura sentimental con Salvador Dalí y con Emilio Aladrén. García Lorca tenía 31 años y rebosaba de vitalidad en todos los sentidos: físico y anímico ante su transversalidad sexual.

No puedo olvidarme del profesor Eutimio Martín (Palencia 1935), uno de los mayores especialistas junto a Ian Gibson en la vida y obra de García Lorca. Y leo una noticia sobre Eutimio Martín publicada en Europa Press, Granada, 22 de enero de 2016, el siguiente comentario:

Eutimio Martín ha reconocido que el Museo de Fuente Vaqueros es «el sitio ideal» para depositar sus libros «antes de emprender el último viaje»… Respondiendo a la pregunta de para qué ha servido todo su trabajo sobre la obra lorquiana, ha considerado que el eje estructural o el impulso determinante fue que Lorca tenía la conciencia profunda de la frustración radical humana y en ese sentido, hace responsable a la Iglesia Católica porque considera que ha traicionado el Evangelio y esto le lanza a la defensa de los seres marginados, comenzando por los gitanos en España, los negros cuando va a los Estados Unidos, los moriscos, las mujeres a través del teatro. «Lorca es, al mismo tiempo, el escritor más cristiano y a la vez el más anticlerical, un precursor de la teología de la liberación», ha dicho.

A veces, pienso que de Federico y de su familia sabemos poco, a pesar de que su hermano Francisco escribiera un libro biográfico titulado Federico y su mundo, Alianza Editorial, 1980, 1981. Por estos años 80, Ian Gibson publica El asesinato de Federico García Lorca, en Bruguera. Como escribe Antonio Lucas (El Mundo, 27-11-2013), de Lorca siempre sabemos poco:

De Lorca sabemos siempre poco. Pues algo queda por saber más allá de lo que se conoce. Algo mejor espera tras los pasos minutados del ser que armó la oscuridad musical de «Romancero gitano» o el aullido sideral de «Poeta en Nueva York». La bibliografía lorquiana es abundante (y mucha de ella, recomendable). Tantos centenares de volúmenes han trazado una geometría apasionada alrededor del poeta granadino. Y a esa larga biblioteca se suma ahora «Federico García Lorca en Nueva York y La Habana. Cartas y recuerdos» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), un trabajo minucioso de los hispanistas Christopher Maurer y Andrew A. Anderson.

Su sobrina Tica Fernández-Montesino García, ha publicado El sonido del agua en las acequias. La familia de Federico García Lorca en Ediciones Dauro, Granada, 2018, que aporta datos desconocidos hasta la fecha de los años del exilio.

La homosexualidad de Federico fue patente y manifiesta entre sus allegados y familia, así como entre amigos y conocidos, fue quizás una de las razones de su asesinato por los fascistas en Granada la noche del 18 al 19 de agosto de 1936. Lo cual, evidentemente fue una sinrazón, pero, además, ocultamente hubo viejas rencillas vecinales, porque su padre era un terrateniente de Fuente Vaqueros. Famoso es el poema que tras su asesinato escribiera Antonio Machado en Valencia, titulado «El crimen fue en Granada» y que leyera en público en una plaza de Valencia en 1937. A este homenaje lírico se sumaron muchos poetas, entre ellos destaca Miguel Hernández con «Elegía Segunda» publicado en Viento del pueblo en septiembre de 1937 en Valencia.

El Poeta en Nueva York

La mayor dificultad que encuentro al realizar un ensayo literario es la de escribir el primer párrafo, y sobre todo, escribir una introducción, en este caso, para presentar Poeta en Nueva York de Federico García Lorca (1898-1936), obra poética inherente al surrealismo y la poesía automática, aunque publicada póstumamente en 1940, primero en Nueva York en bilingüe (inglés-español) y después en México al cuidado del poeta y editor José Bergamín, depositario del original desde julio de 1936 (antes de marchar a Granada en su último viaje), quien era editor de la revista Cruz y Raya.

Lorca había ilustrado el poemario con 18 dibujos propios con un estilo lineal, personal y original. Por otra parte, Federico inventó el sustantivo clave «Epente» que significa homosexual. Así podía hablar de este tema con Vicente Aleixandre, que también lo era, por ser un tabú en aquellos años treinta.

Un principio poético se ha de tener en cuenta al acercarse a esta obra, el que dijera Rainer Maria Rilke para sus Elegías de Duino: «La poesía no se escribe para ser entendida en su totalidad sino para ser sentida». Y menos aún la poesía surrealista, automática y ultraísta, entendida como arte expresivo por medio de la palabra.

Como escribe el editor de PNY de Bruguera. Libro amigo, edición de 1983, es una:

Obra de ruptura y cambio, casi como si el éxito del Romancero (sic) [gitano] hubiera provocado en García Lorca oscuros desalientos y una necesidad de renovación. Y, de hecho, aquí en PNY renueva y amplía su voz más íntima para exasperar la tensión imaginativa de las palabras al descubrir el rostro más inhumano de la civilización técnico-capitalista [Crack del 29]. Pocas veces se ha nombrado con tal intensidad la miseria anónima de la ciudad terrible [del Hudson], el desarraigo de las estirpes, de las razas, el dolor insomne, la viscosa angustia de la inadaptación y la nostalgia.

Ilustraciones de García Lorca para PNY

Para Poeta en Nueva York García Lorca dibujó 18 ilustraciones. El proyecto de Lorca para la edición impresa de PNY era el de ilustrarlo con una serie de fotografías descriptivas de la interpretación de los poemas, circunstancia reproducida en el original entregado a Bergamín, que incluía una lista de dieciocho ilustraciones, que si bien las describía no indicaba su ubicación en el texto, hecho por el cual no fueron incluidas en las ediciones originales (solamente 4). Las ilustraciones eran las siguientes:

  • Estatua de la Libertad: posiblemente al comienzo del libro.
  • Estudiantes bailando, vestidos de mujer: posiblemente para «Fábula y rueda de los tres amigos».
  • Negro quemado: posiblemente para «Norma y paraíso de los negros».
  • Negro vestido de etiqueta: posiblemente para «El rey de Harlem».
  • Wall Street: posiblemente para «Danza de la muerte».
  • Broadway 1830: quizá también para «Danza de la muerte», donde se alude a Broadway.
  • Multitud: posiblemente para «Paisaje de la multitud que vomita» y «Paisaje de la multitud que orina».
  • Desierto: posiblemente para «Navidad en el Hudson».
  • Máscaras africanas: posiblemente para «Ciudad sin sueño».
  • Fotomontaje de calle con serpientes y animales salvajes: igualmente para «Ciudad sin sueño».
  • Pinos y lago: posiblemente para «Poemas del lago Eden Mills».
  • Escena rural americana: posiblemente para «En la cabaña del Farmer».
  • Matadero: posiblemente para «Introducción a la muerte».
  • La bolsa: posiblemente para «Vuelta a la ciudad».
  • El papa con plumas: posiblemente para «Grito hacia Roma».
  • Fotomontaje de la cabeza de Walt Whitman con la barba llena de mariposas: posiblemente para «Oda a Walt Whitman».
  • El mar: posiblemente para «Huida de Nueva York».
  • Paisaje de La Habana: posiblemente para «El poeta llega a La Habana».

Conclusiones

Poeta en Nueva York de Federico García Lorca es una obra fundamental que no puede faltar en la biblioteca de ningún poeta, puesto que considero esencial su lectura para comprender la arquitectura poética del surrealismo y de la poesía automática. Uno no puede decir que es poeta si no ha leído este libro lorquiano profundo y oscuro, y a la vez se trata de un texto complejo, no solo por su barroquismo y su exuberancia poética.