Modificar el orden actual de manera consensuada y pacífica es el desafío antes de que la acumulación de tensiones nos lleve a otro desenlace trágico como ocurrió en el pasado. Cada guerra ha sido peor en términos de pérdida de vidas humanas. ¿Seremos capaces por una vez de evitar la tragedia?

Un poco de historia

El orden internacional moderno nació con la llamada Paz de Westfalia en 1648, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años en Europa y dio origen al concepto del Estado soberano que conocemos hoy. A partir de ahí, el sistema internacional comenzó a evolucionar bajo un patrón impuesto por los imperios europeos hasta inicios del siglo XX y donde Francia ocupó un lugar especial hasta la derrota final de Napoleón, en 1815. Los franceses, sin embargo, han sabido acomodarse y beneficiarse a lo largo de la historia gracias al talento de sus negociadores diplomáticos y políticos1.

Al examinar los últimos 200 años vemos que el sistema internacional ha cambiado solo como consecuencia de grandes guerras o revoluciones que han marcado el devenir de la humanidad, como lo fue la Revolución Francesa, que junto con la independencia de los Estados Unidos marcan el inicio de la pérdida de poder de los imperios del mundo occidental. Similar fue el caso de la dinastía china y del imperio turco, que iniciaron su declive en siglo XIX. El Congreso de Viena en 18152, luego de la caída de Napoleón, pese a que buscaba la restauración de las monarquías tradicionales europeas, generó un cambio político, social, económico y cultural que trascendió las fronteras y que puso fin definitivo al absolutismo, reordenando el sistema internacional y generando un largo período de paz en Europa.

Las guerras de Napoleón, que conquistó países y territorios llegando hasta Egipto y Rusia, podemos considerarla prácticamente como una pequeña guerra mundial o una gran guerra europea3 , donde Francia expandió su poder y modificó las fronteras buscando ser un imperio global y arrebatar el poder de los ingleses. Su derrota dio origen a un nuevo orden internacional delineado en el Congreso de Viena y basado en el principio del equilibrio de poder para evitar las ambiciones imperialistas y asegurar la paz 5.

La guerra ordena el mundo

Han sido las guerras y sus vencedores, con sus aciertos y errores, quienes han determinado las fronteras, las hegemonías y han definido el orden internacional. El surgimiento del imperio alemán, en 1871, despertó temores por su fuerza económica y el militarismo que lo inspiraba, generando nuevas alianzas militares en Europa, el desarrollo de una carrera armamentista que fomentó el nacionalismo y la rebelión de los pueblos bajo la hegemonía austro-húngara que se extendía desde Viena hasta los Balcanes. Asimismo, despertó la voracidad imperialista por las riquezas de África y el Medio Oriente y desencadenó la Primera Guerra Mundial (PMG). El inicio del siglo XX, junto a la llegada de la modernidad con adelantos en la vida de las ciudades y la prosperidad que parecía venía, se acabó con el disparo de Sarajevo en 1914 e inicio de la PGM, que dejó alrededor de 10 millones de muertos y veinte millones de heridos y lisiados. Alemania debió rendirse y pagó su arrogancia con el humillante Tratado de Versalles, en 1918, que posteriormente se convirtió en la materia prima para alimentar el nazismo.

El estreno de la Sociedad de las Naciones en 1919 puso en marcha un nuevo orden internacional que duró escasamente 21 años junto al primer Consejo de Seguridad, que incluía el derecho a veto y que regiría los destinos de la humanidad5. Débil en su composición (no estaban Estados Unidos, Alemania ni la URSS), sin poder de coerción y en una época donde se incubaba un nuevo conflicto, era poco lo que podía hacer. Las anécdotas cuentan que ante las sucesivas violaciones de Hitler al Tratado de Versalles, el Consejo de Seguridad le enviaba telegramas de protesta lo que habría llevado a Winston Churchill a señalar que «si Hitler continúa violando el Tratado, el Consejo dejará de enviarle telegramas…».

La generación que vivió la Gran Guerra no creía posible que viviría otra. Sin embargo, el 1 de septiembre de 1939 Europa iniciaría una nueva que no involucraría solo a los ejércitos si no también los bombardeos masivos de ciudades, deportaciones y el exterminio sistemático en los campos de concentración nazis y de sus aliados, de judíos, gitanos, comunistas, discapacitados, homosexuales y patriotas de la resistencia en los países ocupados. El broche final lo puso Estados Unidos con el lanzamiento de dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki6 en 1945. Ese mismo año, en Yalta y Potsdam, nació oficialmente el nuevo orden internacional impuesto por los tres grandes vencedores: Estados Unidos, la Unión Soviética y el Reino Unido. Nadie más. Se reordenaron las fronteras, se determinaron las zonas de influencia, se desmilitarizó y dividió Alemania y se materializó la creación de Naciones Unidas en la Conferencia de San Francisco, con un Consejo de Seguridad, el segundo en la historia y que se mantiene hasta hoy, inamovible, con 5 países miembros permanentes: Estados Unidos, Unión Soviética (hoy Rusia), la República Popular China, el Reino Unido y Francia. Son solo ellos quienes tienen la última palabra respecto a la seguridad global, al contar con el derecho a veto7.

Vía pacífica para un nuevo orden mundial

Modificar el orden actual de manera consensuada y pacífica es el desafío antes de que la acumulación de tensiones nos lleve a otro desenlace trágico como ocurrió en el pasado. Cada guerra ha sido peor en términos de pérdida de vidas humanas. Hoy son 9 los países que cuentan con arsenal nuclear y varios que no cejan en su objetivo de llegar a tenerlo. Estados Unidos y Rusia concentran el 90% de las bombas. El 1 de febrero pasado el presidente Trump procedió de manera unilateral a cancelar el Tratado INF, por su sigla en inglés (Intermediate-Range Nuclear Forces) firmado en 1986 entre la URSS y EE.UU. Al día siguiente Moscú comunicó que también lo daba por terminado. El INF, que daba tranquilidad a Europa ya que redujo de 63.000 a 8.900 los misiles de mediano alcance, abre la puerta a una nueva carrera armamentista que en realidad ya está en curso y donde participan todas las grandes potencias, con cientos de miles de millones de dólares. El ministro alemán de Economía, Peter Altmaier, declaró que desea se mantenga el INF pero de no ser así, no descarta el rearme de su país: «No hacerlo debilitaría la posición negociadora de Alemania»8, expresó en una clara muestra del realismo político, que antepone la búsqueda del interés nacional y que es la doctrina que nos gobierna.

El siglo XXI será asiático

El mapa geopolítico mundial cambiará radicalmente en los próximos años por la creciente irrupción de Asia como fuerza económica, demográfica y militar que concentra hoy el 60% de la población mundial (4.400 millones de habitantes), donde China con 1.400 millones e India con 1.300 millones son actores cada vez más relevantes9. Podemos sumar Japón y las dos Coreas que en algún momento alcanzarán la reunificación. Asia, por sus cifras, fuerza económica y militar, exigirá mayor participación en los asuntos globales, al igual que Alemania, que ha legitimado su oscuro pasado y que hoy es un baluarte de la democracia.

Ya no es posible hablar de una lucha entre el sistema capitalista y socialista ni de una una rivalidad ideológica cuando prácticamente el socialismo ya casi no existe y lo que queda desaparecerá rápidamente. El peligro común a todos los países son las múltiples amenazas a la seguridad global: cambio climático, la contaminación de los mares y ciudades, el gasto militar, el desarme, el agua, las migraciones, las proyecciones de crecimiento demográfico, los derechos humanos o el cibercrimen, entre otras, exigen de una responsabilidad colectiva que avance hacia una gobernanza global. Existe un peligro creciente de catástrofes naturales las cuales no sabemos cuánto afectarán al planeta y sus especies. Tampoco se debe minimizar el peligro de conflictos militares que puedan envolver a las potencias con desenlace imprevisible si llegara a ocurrir.

La exigencia de mayor gasto militar que el presidente Trump les exige a sus aliados de la OTAN, la expansión de esta Alianza que continúa cercando a Rusia así como la anexión de Ucrania por parte de Moscú o la hegemonía que pretende China en Asia, solo nos acercan a un desastre. Asistimos a una rivalidad de espacios de poder donde los egos también cuentan pero donde ninguna potencia sola, por poderosa que sea, podrá resolver los problemas. El sistema económico mundial basado en el consumo y/o crecimiento económico a cualquier precio junto a la competencia y la ganancia son elementos claves que deben ser repensados ya que amenazan nuestro futuro. El dinero ha corrompido muchos sistemas políticos y el malestar ciudadano recorre el mundo desarrollado y en vías de desarrollo. Las sorpresas autoritarias en el norte y en el sur se pueden alcanzar hoy a través del voto popular, tal como ocurrió en el siglo pasado en Alemania. El crecimiento de las fuerzas populistas parece ser la respuesta de la sociedad civil al desencanto que provoca la política y que se ha instalado ya en muchos países amenazando incluso procesos de integración que han costado mucho construir. Es hora de actuar y la responsabilidad principal recae en los principales actores internacionales. La legítima búsqueda del interés nacional debe tener un límite para evitar repetir los errores del pasado. La sociedad civil, los políticos responsables, la comunidad científica, académica, cultural, debe presionar con fuerza para democratizar el sistema internacional y avanzar hacia una gobernanza global y responsable que asegure la paz y el planeta donde vivimos.

Notas

1 Basta recordar el papel de Talleyrand en el Congreso de Viena donde Francia, pese a la derrota final de Napoleón en Waterloo, siguió siendo tratada como gran potencia; solo fue conminada a volver a sus fronteras y no debió pagar compensaciones de guerra. Al término de la SGM el general de Gaulle apareció junto los aliados en Berlín logrando ser tratado como país vencedor y pasó a ser una de las cuatro fuerzas ocupantes de la capital alemana. Posteriormente Francia obtuvo un asiento como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

2 Desde septiembre de 1814 a junio de 1815, 18 países se reunieron para la firma final mientras que las negociaciones las llevaron solo las cuatro grandes potencias: Austria, Prusia, Inglaterra y Rusia más la derrotada Francia que fue tratada como un igual. Durante 9 meses Viena fue capital de los imperios con todo el boato y protocolo de cenas y galas, que llevó a decir al príncipe austríaco de Ligne, «Le congrès ne marche pas, il danse» («El Congreso no marcha, baila»).

3 La dictadura terrible de Napoleón y sus guerras dejaron varios millones de muertos, desaparecidos, heridos y lisiados junto a la destrucción material en numerosos países por donde pasó La Grande Armée.

4 Ver H. Kissinger. Diplomacy. Simon & Schuster, New York, 1994. Fueron prácticamente 100 años de paz exceptuando las guerras locales entre Austria-Prusia, llamada de las siete semanas, en 1866 y la franco-prusiana que duró 10 meses (1870-1871) y dio origen a la unificación y al Imperio alemán que duraría hasta 1918.

5 Formado por Francia, Reino Unido, Italia, Japón y los Estados Unidos. Este último país nunca asumió debido a que el senado estadounidense no lo aprobó pese a que el Presidente Wilson había sido el gran impulsor. En 1926 Alemania fue autorizada a ingresar y en 1934 lo hizo la URSS. Los países con derecho a veto aumentaron progresivamente llegando a 15 en 1934. Véase.

6 En 80.000 y 40.000 se calculan las víctimas inmediatas de las bombas en Hiroshima y Nagasaki. Las víctimas totales de la SGM se estiman en alrededor de 50 millones de víctimas, incluyendo 24 millones de soviéticos, 6 millones de judíos, 7 millones de alemanes, 3 millones de japoneses, entre muchos otros.

7 Durante las negociaciones en San Francisco se intentó aprobar el consenso para la aplicación del veto, pero fue terminantemente rechazado por Estados Unidos ya que el senado no ratificaría el Tratado en esos términos.

8 Ver El País, 11/02/19.

9 África concentra un 16% de la población mundial, Europa el 10%, América Latina y el Caribe 9% y América del Norte, Oceanía el 5%. Es hora de tomar en serio el crecimiento demográfico que de acuerdo a Naciones Unidas la población mundial llegará a 8.500 millones de habitantes en 2030, a 9.700 mil millones en 2050 y a 11.200 millones en 2100. Ver.