Este año 2021 está supuesto a ser escenario de procesos electorales en una gran diversidad de países. Ello ha puesto el tema de la política en un primer plano, provocando una serie de análisis y opiniones al respecto. También pone énfasis en el rol de los partidos políticos como mecanismos de expresión de la voluntad popular y de los dirigentes de tales instituciones, los políticos mismos.

Uno de tales análisis u opinión que nos ha llamado la atención es la publicitada en forma de una encíclica papal, denominada Fratelli Tutti, suscrita por SS el Papa Francisco. Conforme con publicaciones diversas, el Papa siempre estuvo conectado al devenir político de su país de origen (Argentina) y aparentemente inclinado hacia la corriente peronista imperante en dicho país.

El Capítulo V de la encíclica, «La Mejor Política», está dedicada a este tema y es sobre el texto del mismo (publicado por la Editorial San Pablo de El Salvador, 2020) que expresamos lo siguiente, comenzando en su primer párrafo, que dice:

...la política hoy, con frecuencia, suele asumir formas que dificultan la marcha hacia un mundo distinto…

…hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común...

De inmediato el documento aborda las corrientes políticas de mayor relevancia en esta época a nivel internacional. Algunos califican esto como la amenaza del populismo—sea de derecha o izquierda—y el capitalismo calificado, por un pontífice anterior, como salvaje.

El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos. En ambos casos se advierte la dificultad para pensar un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas...

Sujeto fundamental en este tema es el pueblo—lo popular—y, al respecto, la encíclica nos enseña que:

La palabra pueblo tiene algo más que no se puede explicar de manera lógica. Ser parte de un pueblo es formar parte de una identidad, hecha de lazos sociales y culturales. Y esto no es algo automático, sino todo lo contrario, es un proceso lento, difícil hacia un proyecto común...

Este pueblo enfrentado a la política en general se encuentra sometido a diversas formas de manipulación o instrumentalización, alejándolo de su destino lógico y ordenado para el beneficio de todos y cada uno de sus componentes. Así, el documento en cuestión aborda las formas más comunes del aprovechamiento para bien o para mal de la institucionalidad popular o pueblo.

Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias de una sociedad. El servicio que prestan, aglutinando y conduciendo, puede ser la base para un proyecto duradero de transformación y crecimiento, que implica también la capacidad de ceder lugar a otros en pos del bien común...

Pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder... Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avallasamiento de las Instituciones y de la legalidad...

Agregando a los anteriores esquemas:

Otra expresión de la degradación de un liderazgo popular, es el inmediatismo. Se responde a exigencias populares en orden a garantizarse votos o aprobación, pero sin avanzar en una tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad…

…así los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, solo deberían pensarse como medidas pasajeras…

En el mismo orden de cosas nos permitimos un paréntesis al texto de referencia e incorporamos un texto recién publicado (04-03-201) por el profesor británico, Timothy Garton-Ash, en Libro Libres y reenviado electrónicamente por el amigo Marcos Villasmil.

El Profesor Garton-Ash lo denomina «Disparidad de estima», explicando que ello implica que:

…las poblaciones sin educación superior en las grandes ciudades se sienten ninguneadas, desdeñadas o ignoradas por las llamadas elites liberales...

Usando la realidad de los países de su experiencia personal se pregunta:

…podemos los liberales cosmopolitas afirmar con sinceridad que hemos mostrado respeto y preocupación por la población del cinturón de óxido de los Estados Unidos, o por las comunidades abandonadas del norte de Inglaterra? Situaciones que exigen programas amplios para elevar los niveles de vida de regiones y ciudades abandonadas...

Agrega el profesor inglés:

…se requieren no solo políticas públicas (respuestas de orden material), sino un cambio sostenido en las actitudes de las élites gobernantes. Es lo que en Polonia denominan: una redistribución del respeto...

Volviendo al documento papal, encontramos en sintonía con lo anterior la referencia a que, para lograr ese respeto al universo poblacional, se requiere facilitar fuentes de trabajo dignas y suficientes para cubrir los diversos sectores poblacionales. Así, el documento refiere:

El gran tema es el trabajo. Lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a toda la posibilidad de hacer brotar la semilla que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esta es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino para su existencia digna. Por ello insisto en que ayudar al pobre con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo...

La política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo —porque no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajador...

El trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida en sociedad, ya que no solo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo y, en definitiva, para vivir como pueblo...

En palabras nuestras, esto sería la entronización del concepto de la «meritocracia», el valor de todos y cada una de las personas que conforman una sociedad determinada. No más privilegios para pocos, sea por herencia o por adquisiciones espurias. Importa el valor real de cada quien, sus valores, su comportamiento, su formación, su experiencia. Solo así podremos asegurar la proclama napoleónica de «abrir el talento a la educación», hecha en el año de 1805. Esta meritocracia permitirá la realización integral de cada persona conforme con sus capacidades, sus habilidades y su comportamiento ético; lo que es dado por su propia naturaleza de persona humana, recubierta por su propia y diferenciada personalidad.

En otras palabras, nadie que tenga talento puede quedar excluido de la educación superior. Considerar que con un 20% de la población escolar que llegue a la universidad es suficiente para el desarrollo de un país, debe ser entendido como una visión anacrónica. Porque, ¿quién tiene derecho a decidir el 80% restante no necesita acceder a la educación superior?

El documento papal apuntala en esa dirección al afirmar que todo podría ser en vano:

...si perdemos la capacidad de advertir la necesidad de un cambio en los corazones humanos, en los hábitos y en los estilos de vida...

Es lo que ocurre cuando la propaganda política, los medios y los constructores de opinión pública persisten en fomentar una cultura individualista e ingenua ante los intereses económicos desenfrenados y la organización de las sociedades al servicio de los que ya tienen demasiado poder...

…la inclinación del ser humano a encerrarse en la inmanencia de su propio yo, de su grupo, de sus intereses mezquinos...

La tarea educativa, el desarrollo de hábitos solidarios, la capacidad de pensar la vida humana más integralmente, la hondura espiritual, hacen falta para dar calidad a las relaciones humanas, de tal modo que sea la misma sociedad la que reacciones ante sus inequidades, sus desviaciones, los abusos de los poderes económicos, tecnológicos, políticos o mediáticos...

Hay visiones liberales que ignoran este factor de la fragilidad humana e imaginan un mundo que responde a un determinado orden que por sí solo podría asegurar el futuro y la solución de todos los problemas...

El mercado solo no resuelve todo...

El neoliberalismo se reproduce a si mismo recurriendo al mágico derrame o goteo («trikle down»), como único camino para resolver los problemas sociales …No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social...

…es imperiosa una política económica activa orientada a promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial… La especulación financiera con la ganancia fácil, como fin fundamental, sigue causando estragos...

Es interesante denotar como el documento papal no dedica su correspondiente párrafo a los sistemas económicos de planificación centralizada, que lleva a la conformación de regímenes centralizados, excluyentes y con mayores poderes de explotación de las poblaciones que los sufren. Estos sistemas se promueven a nivel mundial, bajo el eufemismo de visiones economicistas cerradas y monocromáticas, o sea los llamados socialismos de nuevo cuño, quienes alegan que los fracasos de la Unión Soviética no son falla de la ideología Marxista-Leninista, sino de los seres humanos de la época.

La referencia papal la podemos equiparar a los llamados que algunos escolares en Estados Unidos han denominado la necesidad de impulsar «una nueva y mejor economía». A la que la encíclica en cuestión incorpora el elemento de una mayor participación ciudadana o popular que, en forma organizada, pueda incidir en las decisiones de políticas —en lo económico en particular. Para ello el documento plantea como tarea urgente:

Hace falta pensar en la participación social, política y económica, de tal manera que incluya a los movimientos populares y anime las estructuras de gobiernos locales, nacionales e internacionales, con ese torrente de energía moral que surge de la incorporación de los excluidos en la construcción del destino común...

…porque ellos son sembradores de cambio, promotores de un proceso en el que confluyen millones de acciones grandes y pequeñas encadenadas creativamente como en una poesía...

Con ellos será posible un desarrollo humano integral, que implica superar esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres, pero nunca con los pobres, nunca de los pobres y mucho menos inserta en un proyecto que reunifique a los pueblos...

Hay que tener la valentía de reconocer que sin ellos la democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, una formalidad, pierde representatividad, se va desencarnando, porque deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad, en la construcción de su destino... Tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos...

Pero esos cambios de actitud general implican —nos enseña el documento papal—, la necesidad de un proceder a aplicar universalmente el antiguo principio bíblico del «amaras a tu prójimo como a ti mismo», por medio de un nuevo concepto de la caridad y que se denomina un «amor imperado»:

…aquellos actos de la caridad que impulsan a crear instituciones más sanas, relaciones más justas, estructuras más solidarias...

Caridad que se distingue de la caridad practicada individualmente en pro de personas o grupos sociales:

De ahí que sea un acto de caridad igualmente indispensable el esfuerzo dirigido a organizar y estructurar la sociedad de modo que el prójimo no tenga que padecer miseria…

Es caridad acompañar a una persona que sufre, y también es caridad todo lo que se realiza, aun sin tener contacto directo con esa persona, para modificar las condiciones sociales que provocan su sufrimiento...

Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente y eso, también es caridad…

Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo y ejercita un modo altísimo de la caridad, lo que ennoblece su acción política...

Esa sería el correcto accionar de la política y de los auténticos políticos:

…hace falta la mejor política, puesta al servicio del verdadero bien común. En cambio, desgraciadamente, la política hoy, con frecuencia suele asumir formas que dificultan la marcha hacia un mundo distinto...

…solo con una mirada cuyo horizonte este transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrado en la sociedad...

Esta mirada es el núcleo del verdadero espíritu de la política.

No se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos... Qué triste cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad...

Lo que se necesita es que haya diversos cauces de expresión y de participación social...

La educación está al servicio de ese camino para que cada ser humano pueda ser artífice de su destino...

Ello es parte de la misión del verdadero político, que no distraerse de sus funciones principales:

Las mayores angustias de un político no deberían ser las causadas por una caída en las encuestas, sino por no resolver efectivamente el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de: trata de seres humanos; comercio de órganos y tejidos humanos; explotación sexual de niños y niñas; trabajo esclavo, incluyendo la prostitución; tráfico de drogas y de armas; terrorismo y crimen internacional organizado...

…hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracioncita con efecto tranquilizador en las conciencias...

Este innovador concepto de la caridad social también tiene su aplicación a la política, así la encíclica nos expresa:

La caridad política se expresa también en la apertura a todos...

Principalmente aquel a quien le toca gobernar, está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro y busca la confluencia, al menos, en algunos temas...

Sabe escuchar el punto de vista del otro, facilitando que todos tengan un espacio...

Con renuncias y paciencia un gobernante puede ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar...

En esto no funcionan las negociaciones de tipo económico... Es algo más. Es un intercambio de ofrendas en favor del bien común...

…vivamos y enseñemos nosotros el valor del respeto, el amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser humano sobre cualesquiera fuesen sus ideas, sentimientos, prácticas y aun sus pecados...

Mientras en la sociedad actual proliferan los fanatismos, las lógicas cerradas y la fragmentación social y cultural, un buen político da el primer paso para que resuenen las distintas voces...

Es cierto que las diferencias generan conflictos, pero la uniformidad genera asfixia y hace que nos fagocitemos culturalmente...

...no nos resignemos a vivir encerrados en un fragmento de la realidad.

Este mensaje del documento papal debe generar esfuerzos por dignificar la política y los políticos que la desempeñan. Ello ante la abrumadora opinión pública que la consideran sucia y a ellos los califican de ineficientes, oportunistas, centrados en sí mismos o en beneficio de sus patrocinadores.

Ello siempre y cuando revistan su actuar conforme a los principios y valores consignados en la encíclica. Su mensaje pareciera dirigido en especial para el laico católico actuando en la política de su país y, en general, para todos los miembros de otras denominaciones que lo hagan por igual. Debiendo asumir mayores responsabilidades cívicas y actuar en pro del bien común, en especial de los más necesitados.

De realizarse los cambios de actitud propuestos y al cumplir con el rol del ser humano como alfa y omega del devenir político, podremos llegar a desarrollar instituciones políticas de plena participación ciudadana. Es decir, partidos políticos que realmente sean:

Organizaciones voluntarias, ordenadas jerárquicamente y de carácter permanente; cuyo propósito es competir por el poder político a través de elecciones; con el objetivo de actualizar en políticas públicas y legislación su visión general sobre la realidad...

Ello, a su vez, implica un marco legal que facilite: la libertad de asociación y organización; la libertad de expresión en la esfera pública; y el reconocimiento de la legitimidad de su existencia y accionar.

Solo así será posible pensar en una política como arte de lo posible en los asuntos públicos, y en el manejo del estado mediante diálogos y acuerdos.