Días atrás, me entrevistaron en una radio local de la isla en la que resido,1 a propósito de ese fenómeno denominado depresión blanca o blues de Navidad (blues significa literalmente tristeza o melancolía). Permíteme que comparta contigo, en este artículo, algunas de las consideraciones, ampliadas, sobre las que reflexionamos en ese programa de radio, y que espero leerás ya pasada la Navidad y apenas iniciado el año 2024.

¿Alguna vez te has sentido deprimida o deprimido en Navidad?

Cuando hablamos de que alguien siente una tristeza significativa cuando llega la Navidad, no nos estamos refiriendo al disgusto y abatimiento que a una persona le provocan estas fiestas por el consumismo que las acompañan; tampoco al bajón anímico que, para alguien, tienen los compromisos familiares poco deseados, ni la convicción personal de que las navidades son un tiempo de mensajes contradictorios, hipocresías y vanidades.2

De lo que se trata, cuando hablamos de melancolía navideña y los cambios de ánimo significativo que produce en algunas personas, es de una depresión estacional caracterizada por provocar cambios profundos, mezcla de tristeza, soledad y nostalgia, así como insatisfacción de deseo e ilusiones, incertidumbre, y anhelo de lo perdido.

Los fantasmas de la Navidad

La Navidad remueve el psiquismo y nos devuelve nuestros fantasmas. En psicología, el término fantasma hace referencia a las fantasías y anhelos, y también a los temores y a las ausencias. Para algunas personas la Navidad es triste porque se añora un tiempo que ya pasó. En términos psicoterapéuticos, son fechas en las que fácilmente vuelven a emerger duelos, que no solo tienen que ver con la muerte de un ser querido, también nos asaltan conflictos y penas relacionadas con el envejecimiento, la pérdida de la belleza o el estatus, o el ansia de aquellos sueños que no se alcanzaron o se nos escurrieron entre los dedos de las manos.

Quien más o quien menos tiene alguno de esos fantasmas y hay a quien, también, como le ocurría al viejo avaro y cascarrabias Ebenezer Scrooge del cuento de Navidad de Charles Dickens, prefiere congeniar con ellos a solas y guardar distancia social por Navidad. Algo que, deberíamos saber respetar si nos encontramos en nuestro entorno más cercano con alguien que piensa y quiere vivir así su realidad. Esto, sin menoscabo de que, como a Scrooge a través de los ojos de su hija, podamos animar la tristeza sobrevenida a con los olores y los colores de la Navidad.

Uno de los fantasmas más presentes en la Navidad es la melancolía de la pérdida de la inocencia de las infancias navideñas que nos hacían creer que el mundo era un lugar mágico. Un fantasma del pasado que, si no está investido por hechos traumáticos, solemos tolerar con facilidad. Quien tiene hijos pequeños son menos propensos a experimentar esta melancolía navideña. De igual manera, quienes tuvieron la suerte de ser mirados con amor mientras se ponían las bolas en el árbol o el niño en el pesebre, o desenvolvían sus regalos de nochebuena o reyes, el fantasma del presente de la Navidad.

La tristeza en Navidad se expresa de manera diferente según la edad, esto queda claro. Los adolescentes lo suelen manifestar con «irritabilidad» y aislamiento. En los adultos, se expresa con falta de energía, hartazgo, y en muchos casos como una queja. Los ancianos lo suelen vivir con mayor retraimiento e incluso agudeza de dolores crónicos.

Paradójicamente, al tratarse en muchos casos de una crisis estacional, es decir, empieza con la cercanía de las fiestas y termina cuando estas concluyen, conviene tener algunas cosas claras de cómo actuar cuando esto nos sucede, o le pasa a alguien cercano.

Cómo sobrellevar la tristeza navideña

La ciencia ha descubierto que el cerebro se activa de manera dopaminérgica en los momentos festivos, proporcionando mayor sensación de bienestar. Pero, como ya hemos indicado, no todo el mundo vive esos momentos con ganas de fiesta. Quizá te encuentres tú entre quienes se han dado cuenta de que ni el árbol, ni los villancicos, ni las luces de Navidad les hace gracia, ni tienen por qué obligarse a sentir dicha. Tal vez, solo estés pasando, por esta vez, por una de esas depresiones estacionales, o puede que lleves algunos sufriendo una Navidad blues. O tal vez, conozcas a alguien que se deprime en Navidad.

Ahora que ya han pasado las fiestas de la Navidad 2003 y que el año también se ha ido para siempre, permíteme que te comente algunas cosas, a modo de recomendación que quizá te sean de utilidad para pasar un poco mejor las próximas navidades. Por mi parte, las puedes utilizar con esa otra persona que se entristece tanto por esas fechas, no les hará ningún mal.

Ante las ausencias de los seres queridos, ante esa silla vacía que tanto nos conmueve (conviene tener realizado un duelo efectivo), lo que más nos ayuda es el apoyo familiar mutuo, sin duda, es lo que permite alcanzar un recuerdo más adaptado y una aceptación serena de la ausencia. La percepción de que la vida continúa hace que podamos disfrutar de esos días festivos a pesar de nuestras tristezas.

Una melodía muy propia de la Navidad blues es la de la distancia, la de estar lejos de los seres queridos, de la familia. En estos casos, aprovechar las ventajas que nos facilita la tecnología es una buena decisión. Las videollamadas, la mensajería instantánea, incluso las redes sociales, facilitan el acercamiento. Lo importante es no dejarse llevar por la desesperanza y el abatimiento de la lejanía. Los abrazos a distancia también tienen el poder de expresar afecto y amor.

La Navidad es una de las épocas más esperadas del año, y a nadie se le escapa que también son días de mucho consumo y de gran consumismo. Más que ningún otro momento del año, hay gente que compra más de lo que le conviene o gasta más de lo que tiene. Sobre esta conducta la única recomendación es la de la reflexión y la del sentido común. Pero, también están los que sufren y se deprimen por tener poco dinero para pasar las navidades. En este sentido, mi mejor recomendación es que, bajo ningún concepto o presión te endeudes para comprar regalos y ajústate para hacer comidas y cerebraciones, o evítalas si fuera necesario. En cualquier caso, adáptate a tus circunstancias, haz una buena previsión, compra con antelación más barato, para que puedas celebrar una Navidad sin afectar negativamente a las finanzas familiares.

Los conflictos familiares suelen ser otro caldo de cultivo para sufrir una tristeza importante cuando llega la Navidad. Con frecuencia, la falta de interacción o las relaciones problemáticas no abordadas durante todo el año desatan desafíos y conflictos durante las reuniones familiares alrededor de la mesa de Noche Buena o la comida del día de Navidad. Aunque, lo que voy a comentarte te parezca difícil de asumir, las navidades son un buen momento para acabar con el orgullo y tomar la iniciativa para resolver problemas; si estos resultasen tan complejos como para solucionarse fácilmente, conviene llegar a algún tipo de acuerdo para que la tolerancia y el respeto impere durante los encuentros navideños.

La tristeza navideña es una vieja conocida, que para algunas personas resulta recurrente en cada Navidad. Como ocurre con el ritmo shuffle de la música blues, la tristeza navideña produce una cierta sensación de excitación, una especie de llamada-respuesta que hace que la persona afiance o de por válidas sus razones, sean las que sean, para entonar un año más su blues de Navidad.

Notas

1 Radio Moya. Programa Sansofí dirigido por Esteban Rodríguez y Mari Pino Ortega, 19/12/2023.
2 A este respecto, te invito a leer «Navidad, Navidad…dulce vanidad» artículo que publique en este mismo magazine en 2018.