Todos hemos tenido en más de una ocasión dolor de cuello. Los motivos son variados pero el estilo de vida que llevamos es un factor muy importante.

Piensa en las horas que pasas en el coche, en la oficina, frente al ordenador o mirando el móvil. Y ahora pregúntate si eso es bueno o no para tus cervicales.

Y ahí no acaba la cosa. Piensa en las horas que pasas durmiendo y hazte una sencilla pregunta: ¿Mi cuello está cómodo y descansa?

La respuesta puede sorprenderte porque es más que probable que en alguna ocasión —o en muchas— te hayas levantado con dolor de cuello o de cabeza.

En este artículo te contamos qué puedes hacer durante el día y, sobre todo, durante la noche, para evitar los molestos dolores de cervicales. Sin embargo, no olvides que para tratar los problemas de cuello siempre es recomendable acudir a un especialista de la salud.

¿Qué es el dolor de cuello?

¿Te preocupa el dolor de cuello o cervicales? No eres el único. Según la Organización Mundial de la Salud, el dolor de cuello es una afección músculo esquelética muy común. De hecho, una de cada cinco personas de más de 20 años la sufren.

Se denomina cervicalgias a todos los tipos de dolor de cuello, con independencia de su origen o causa.

Las vértebras cervicales son 7 y están involucradas en la flexión, rotación, inclinación y extensión de la cabeza. Y lo hacen miles de veces al día, con lo que podemos hacernos una idea de que un simple desajuste puede desencadenar un bloqueo o dolor fácilmente.

Los motivos para sufrir dolor en esta zona son muy variados. E incluso, puede producirse por una combinación de factores. Un accidente, algún tipo de enfermedad degenerativa o posturas incorrectas que mantenemos de forma prolongada, son las causas más comunes.

Dolor por tensión muscular

La tensión muscular es una de las principales razones del dolor de cervicales. Estamos sujetos a nuestras emociones de manera consciente o no y, muchas personas van acumulando en ciertos músculos el peso del estrés, el cansancio o la ansiedad.

Cuando se tensionan ciertas zonas, nuestro cuerpo nos está diciendo que esos músculos están trabajando más de lo que deben y, además, de manera incorrecta. Se forman las famosas contracturas, nudos, dolores miofasciales, puntos de gatillo… que son muy dolorosos.

Nuestra mandíbula, parte posterior del cuello, hombros, lumbares y glúteos se contraen con fuerza, cargando y tirando de las articulaciones. En consecuencia, se activan circuitos de dolor a lo largo de toda la espalda, pero especialmente en la zona cervical.

El primer paso que dar para superar este tipo de dolor es ser consciente de cómo se genera, de las posturas que adoptamos y de las situaciones que hacen que empeore. Parte de la solución está en nosotros.

El «decaimiento postural» es muy habitual en estos casos. Ya sabes, la típica postura en la que la cabeza y hombros caen hacia adelante con desgana. Una postura de ese tipo va debilitando nuestro sistema eléctrico de manera que cada vez es más sensible. Y el dolor aparecerá una y otra vez. Probablemente, tenemos una rectificación cervical. Es decir, esa parte de la columna ha perdido su forma natural y aparece recta, como si fuese una caña.

No es algo grave, así que ante todo hay que mantener la calma. Ser consciente de qué posturas afectan al dolor es importante para intentar recolocarse y mantener otras que mejoren el equilibrio de la espalda.

Flexión mantenida del cuello

Una posición del cuello mantenida en flexión es aquella que se produce, por ejemplo, cuando estamos planchando o usando nuestro móvil o tablet. También conocida como «cuello de texto», del inglés text neck, es un trastorno muscular muy frecuente en el que el cuello permanece flexionado hacia delante durante un tiempo prolongado.

Lógicamente la carga sobre las cervicales aumenta y para poder sostenerse, la musculatura tiene que generar una tensión extra. El resultado va desde las contracturas, hasta la rigidez, fatiga o acortamiento muscular. El dolor es inevitable.

Tortícolis

Es un dolor agudo localizado en los grandes músculos de un lado del cuello, que hace que tanto rotar la cabeza como inclinarla lateralmente sea difícil.

Los músculos de la zona duelen mucho y están contracturados por una mala postura durante la noche o algún tipo de problema de los ligamentos. En realidad, no se conoce la causa exacta que genera este dolor.

Por regla general, la tortícolis suele desaparecer pasadas unas horas o días. El uso de analgésicos y antiinflamatorios puede ayudar.

Latigazo cervical

Es lo mismo que el esguince cervical y su causa más frecuente es un accidente de coche, en el que recibimos un impacto por detrás. También se puede producir en deportes de impacto por una caída o golpe o en un parque de atracciones, por un movimiento brusco o cambio de velocidad.

Consiste en el desgarro de alguno de los ligamentos de la zona cervical, con la consecuente aparición de molestias y dolor.

Cada lesión es distinta y es tarea del médico evaluar su alcance y aplicar el tratamiento más adecuado.

Artrosis cervical

Se trata de un proceso degenerativo en el que las articulaciones intervertebrales de las cervicales se van desgastando. Es frecuente a partir de los 45 años y afecta a cerca del 90% de la población mayor de 70 años.

La artrosis produce un adelgazamiento de los discos intervertebrales, así como de las articulaciones y cartílagos de la zona.

Este desgaste seca el hueso adyacente que empieza a rozarse y produce un tejido óseo llamado osteofito, que es una especie de protuberancia conocida como «pico de loro». Los osteofitos pueden comprimir un nervio, apareciendo el dolor.

Como el resto de los dolores de tipo mecánico, deben adoptarse medidas de higiene postural. La cervicoartrosis no siempre genera dolor, a veces tan solo se manifiesta con una limitación en los movimientos del cuello.

Neuralgia cervicobraquial

A menudo, la artrosis cervical produce la compresión e inflamación de las raíces nerviosas que salen de los agujeros intervertebrales. Aparece un dolor en el cuello que se irradia a los hombros y brazos.

Es conveniente evitar esfuerzos de rotación de la cabeza, sobre todo cuando el dolor es agudo. De nuevo, será el médico quién nos dirá el tratamiento a seguir.

Hernia cervical

Los discos cervicales son los cojines entre las vértebras en la parte superior de la espalda y el cuello. La hernia del disco tiene lugar cuando el núcleo gelatinoso del disco interno, el núcleo pulposo, se rompe o hernia, a través de la pared externa del disco cervical.

Se manifiesta de diversas formas, por ejemplo, es posible que irradie dolor del brazo hacia la mano o los dedos. También podemos sentir entumecimiento o debilidad en la zona de los hombros, brazos y manos.

Aprende a cuidar las cervicales por el día

Como hemos dicho, las vértebras que componen las cervicales son siete y durante el día, participan en miles de movimientos de rotación, flexión, inclinación… Es importante conservar su flexibilidad para que no se produzcan contracturas, que son dolorosas y pueden derivar en problemas más graves.

Por lo general, el dolor de cuello y cervicales evoluciona durante muchos años y se ve afectado por las malas posturas, el estrés y una incorrecta sujeción cuando dormimos. Puede derivar en artrosis, cervicalgias crónicas y enfermedades degenerativas de los discos cervicales.

Lo primero que hay que considerar es trabajar en un entorno con un diseño ergonómico. Algunas consideraciones son:

  • Colocar la pantalla del ordenador a la altura de los ojos es importante para no torcer el cuello.
  • No debemos encogernos en la silla ni encorvarnos. Hay que apoyarse con firmeza contra el respaldo de la silla, que debe tener una altura suficiente —no muy alta— para recoger toda la espalda.
  • Debemos permanecer a una distancia adecuada para poder mirar la pantalla. No muy cerca y tampoco muy lejos.
  • Inclinarse hacia delante para leer lo que muestra la pantalla tampoco es aconsejable.
  • Usar un refuerzo lumbar es buena idea, así como un apoyapiés ajustable.

¿Qué puedo hacer para dormir bien con dolor de cuello?

Esa misma ergonomía debe aplicarse a nuestro equipo de descanso para evitar sobrecargar la zona.

La almohada es la encargada de asegurar el correcto alineamiento entre la cabeza y el tronco. Mantiene la estabilidad de las vértebras cervicales cuando cambiamos de postura durante el sueño. Por tanto, es la responsable de que el cuello descanse o de que aparezca dolor cervical.

Si la almohada con la que dormimos es adecuada, la alineación de la columna cervical se mantendrá durante toda la noche con una tensión mínima en músculos, tendones y ligamentos.

Si descansamos sobre una almohada inapropiada el cuello forzará posturas, realizará movimientos bruscos y se contraerán los músculos cervicales de manera involuntaria, en un intento por acomodarse. Aparecerá entonces el dolor.

Conviene desterrar el mito de aquellos que afirman que dormir sin almohada es más sano. Al estar tumbados la curvatura dorsal de nuestra columna es la que más apoya en el colchón haciendo que el cuello quede más elevado. Si no usamos almohada el cuello caerá hacia atrás. Además, con la cabeza bien posicionada respiramos mejor y, en consecuencia, el sueño es más tranquilo y de calidad.

Aunque existe muy poca literatura científica sobre qué almohada es la más idónea, sí hay consenso en recomendar una que se adapte a nuestra morfología.

El Consejo General de Colegios de Fisioterapeutas de España (CGCFE), asegura que cada persona debe tener su propia almohada, adaptada a su morfología y hábitos a la hora de dormir.

Para elegir nuestra almohada ideal necesitamos conocer la posición que adoptamos a la hora de dormir, nuestra complexión física y hábitos de sueño.

Otro factor esencial para evitar el dolor cervical es el colchón sobre el que descansamos. El binomio colchón/almohada es la clave para obtener un descanso reparador y de calidad. Ambos deben tener la firmeza adecuada para garantizar un soporte adecuado a cabeza, cuello y columna vertebral.

Estudios interesantes sobre el tema

Un estudio de 2017 publicado en el Journal of Physical Therapy Science (JPTS), identificó los efectos de la postura al dormir sobre el cuello. Los autores de la investigación tuvieron en cuenta tres posiciones al dormir: supina con ambas manos a los lados, supina con ambas manos en el pecho y supina con una mano en la frente.

Cuando dormimos con una de nuestras manos apoyada en la frente, el trapecio superior y los músculos escalenos se activan en ese lado. Se produce un desequilibrio y el cuello sufre una ligera rotación que deja toda la columna desalineada.

La postura supina con las manos en el pecho es más simétrica y la actividad de estos músculos es menor. Pero, el trapecio superior experimenta un grado de estrechez que puede generar entumecimiento y dolor de cuello.

Por último, los investigadores vieron que, al dormir con ambas manos a los lados, el equilibrio era mucho mayor. Cuando estamos acostados boca arriba, con las piernas separadas un poquito y ambos brazos caen relajados a los lados, la cabeza sigue una línea recta con respecto al cuello. No cae hacia ningún lado.

Por eso, esta última postura parece ser la más indicada para evitar dolor de cuello y hombros mientras dormimos.

También es interesante la conclusión a la que llegó un estudio llevado a cabo por expertos de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE). La conclusión básica del estudio fue que aquellas personas que duermen bien tienen menos dolor de cuello.

Y es que la calidad del sueño influye mucho en la evolución de un dolor como el cervical. De hecho, una persona con dolor de cuello en fase aguda, que tiene una mala calidad de sueño, puede evolucionar hacia un dolor crónico.

Los investigadores no están seguros del motivo de esta causa-efecto, pero creen que es muy posible que descansar mal excite los centros neurológicos que procesan el dolor.

También apuntan a una mala coordinación entre los diferentes grupos musculares, provocado por un sueño de mala calidad.

Rompe con las posturas que generan dolor

Todos tenemos alguna costumbre postural que no es la más indicada y, con frecuencia, ni siquiera somos conscientes de ello. Suelen repetirse y mantenerse durante largos periodos de tiempo cuando estamos trabajando frente a un ordenador. Conviene que tomemos conciencia de cuáles adoptamos y llevemos a cabo una serie de medidas preventivas:

  • Comprueba que llegas a todos los elementos del puesto de trabajo, sin tener que hacer estiramientos exagerados o bruscos.
  • Haz pausas cortas para cambiar de postura. De pie coloca las manos en la cintura manteniendo recta la espalda, coloca los codos por detrás de ésta, mientras mantienes tus hombros rectos. También es buena idea, en la misma postura, hacer rotaciones con los hombros girándolos hacia atrás y hacia delante.
  • Caminar un poco también ayuda a romper con la misma postura.
  • Cada hora o dos horas deberíamos hacer una pausa de entre diez y quince minutos para realizar estiramientos sencillos. Por ejemplo, inclinar la cabeza hacia atrás mientras inspiramos y, después, hacia adelante mientras espiramos.
  • Rotar lentamente la cabeza en el sentido de las agujas del reloj, para estirar con suavidad los músculos anteriores y posteriores del cuello.

Notas

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