La obediencia a la naturaleza humana y la desobediencia a todo tipo de ideales e ideología política es analizada por Erich Fromm en su obra Sobre la desobediencia y otros ensayos1. ¿Cómo se reduce la voluntad del hombre a la obediencia ciega? Mas aún, para ser obedecido, ¿es necesario emplear la violencia? Uno de los puntos centrales en la actual crisis de la posmodernidad es el uso del lenguaje y la ciencia para el control social. Bajo estas ideas, y siguiendo la postura frommiana, la intención no es decantarse por una posición comunista totalitaria/capitalista; de lo que se trata es de contrastar ambas vertientes para encontrar los factores comunes, en el uso del lenguaje y la ciencia, que aproximan a ambas ideologías, en tanto burocracia industrial negadora de la vida2.

Toda expresión cultural, literaria, musical, etc., muestra los problemas y dicotomías de la sociedad donde se conciben tales manifestaciones artísticas; a veces, denunciando de manera explícita y, otras, solo reflejando ─especularmente─ la realidad preconstruida. Bajo esta perspectiva, el cine (arte de las apariencias y las fantasías) es capaz de decirnos cómo la realidad misma se constituye como una construcción ideológica, social o simbólica. En este sentido, la ficción cinemática es más real que la realidad misma. Según el filósofo y psicoanalista Slavoj Žižek para entender el mundo de hoy necesitamos del cine ya que en él encontramos esa dimensión crucial que no estamos listos para confrontar en nuestra propia realidad. En tal sentido, y siguiendo el estilo de Žižek3 recurriremos al análisis del cine ya que posibilita el pensamiento en términos visuales. Comencemos.

Nineteen Eighty-Four (1984) es una película de ficción británica de utopía pesimista dirigida por Michael Radford, y basada en la novela homónima de George Orwell. La película muestra un sistema político que demanda obediencia ciega por parte de la sociedad. La violencia, implícita en sistema legislativo de Oceanía, asume rostro humano bajo la figura de un líder denominado «Gran Hermano» cuyos ojos vigilan permanentemente a todos. La figura de oposición está representada por «Goldstein» quien ha escrito un libro que devela la verdadera intención del régimen de Oceanía, pero se ha impedido su divulgación. Ahora bien, la irreductibilidad del sistema político no es accidental. La cantidad de actividades que deben ser cumplidas dentro del horario establecido revela la obediencia (ciega y no) por parte de la sociedad. El miedo a «pensar» y ser delatado por vecinos, familiares o amigos a la llamada «policía del pensamiento», impulsa el cabal cumplimiento de las leyes impuestas. No se puede escribir o disertar. El ejercicio de la reflexión es un crimen en Oceanía. Esto da cuenta de la deshumanización del sistema político descrito por Orwell. En definitiva, de lo que se trata es de instrumentalizar al hombre y restarle su condición humana.

Una característica a resaltar, dentro de la estabilidad del régimen totalitario de Oceanía, es que los propios miembros de la sociedad lo sostienen a través de su actitud obediente y sumisa. Es así como en el Ministerio de la Verdad, Winston se encarga de manipular titulares y notas de prensa obedeciendo los dictámenes que recibe de un instrumento acústico. El régimen de Oceanía se describe como un sistema totalitario que instrumentaliza el lenguaje y la ciencia para obtener el control social. La obra orwelliana es una clara denuncia al comunismo totalitario (en mucho por la propia vida del autor) y a la falta de justicia social. A pesar de la riqueza de elementos que el largometraje ofrece nos centraremos en dos aspectos claves: la instrumentalización del lenguaje y la ciencia.

Desde el punto de vista de reflexión en cuanto a la instrumentalización del lenguaje encontramos elementos claves en el largometraje: 1) diccionario del Ministerio de la Verdad, 2) medios de comunicación de Oceanía, 3) diario de Winston, 4) slogans, 5) dicotomías y 6) nombres de entes gubernamentales.

El diccionario es, aparte del periódico, el único texto al que tiene acceso la sociedad. Constantemente es revisado por los trabajadores del Ministerio de la Verdad. Esta revisión consiste en la supresión de términos y significados. En una de las escenas de la película, se observa a Winston con uno de sus colegas del Ministerio de la Verdad celebrando la eliminación de vocablos. La disminución de palabras y significaciones en el diccionario fertilizan la obediencia de la sociedad. Wittgenstein afirma los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo4 y esta célebre frase resume las consecuencias negativas que representan, dentro de la condición humana, el empobrecimiento lingüístico.

De manera paralela a la desolación lingüística, el Ministerio de la Verdad, manipula la información que ofrecen los medios de comunicación (radio, prensa, etc.). Así encontramos al personaje principal cambiando, obedientemente, el titular de prensa que anuncia la derrota del régimen de Oceanía por una falsa victoria. En este punto, Orwell expone como el sistema construye su propia realidad y es, esta construcción, el mundo real para la población. De esta manera, la estabilidad del sistema se sostiene en la mentira o realidad preconstruida que sus gobernantes expresan a la población. Visto que la verdad puede ser demasiado peligrosa para la conservación del poder, se interviene de manera violenta en el lenguaje de los discursos, slogans, lemas, etc., que fortifiquen esta realidad preconstruida. ¿Qué es lo real? Será una de las preguntas claves de la película.

El tercer punto, el diario de Winston representa el aspecto reflexivo del ser humano; la expresión de la libertad del pensamiento, generación de criterio propio. En la narración mental que hace el protagonista, mientras escribe el diario, da cuenta en su descripción, del mundo que él percibe como real, dejando abiertos cuestionamientos que muestran la tensión existente en él: la desobediencia al Gran Hermano versus la obediencia a su naturaleza humana.

El cuarto punto, los slogans, vienen a representar el uso lingüístico para el control social. Estas expresiones reafirman la realidad preconstruida por el comunismo totalitario a través de dicotomías que deben ser leídas en la dirección indicada. Así, en la película encontramos los siguientes slogans: «Paz es Guerra», «Libertad es Esclavitud», «Ignorancia es Fuerza». El último punto se refiere a los nombres asignados a los entes gubernamentales, que no son accidentales. Así encontramos, «Ministerio de la Verdad» que viene a referenciar el ente encargado de construir la realidad y por ende a ajustar la verdad en beneficio de la estabilidad del poder a través del ejercicio de la violencia. Desde el punto de vista de la instrumentalización de la Ciencia, Horkheimer en Crítica de la razón instrumental5, analiza el cambio cualitativo de la razón desde su forma objetiva hasta su subjetivación y, finalmente, instrumentalización. Este cambio viene a significar el vértice entre la ciencia técnica, y la dominación6. Bajo estas ideas, en la película se observa como la tecnociencia se instrumentaliza para el control social a través del uso de cámaras, vigilantes mecánicos, detectores de huellas, números electrónicos de registro de personas, etc.

Lo imaginario, lo simbólico y lo Real (tres aspectos lacanianos7) se encuentran presentes en la película. Lo simbólico que viene referido a la dimensión lingüística teniendo base en las diferencias de los significantes es transversal a lo largo de la obra orwelliana y su adaptación cinematográfica. Lo imaginario tiene su base en la formación del ego en el «estadio del espejo», es decir, el inconsciente está estructurado como un lenguaje, y es, a la vez, el campo de la ley que regula el deseo. Lo Real se opone a lo Imaginario y está más allá de lo Simbólico, porque está fuera del lenguaje, sin embargo, es una «falta fundante» que articula el espacio simbólico. Lo Real es, en definitiva, aquello que se resiste a cualquier simbolización8. Estos estadios pueden evidenciarse en un concepto central dentro de la obra orwelliana: «Doble pensar». Sostiene David Neira:

Doble pensar significa la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doble pensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El doble pensar está arraigado en el régimen. El acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez, que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega… todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doble pensar es preciso emplear el doble pensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doble pensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doble pensar ha sido capaz el Partido —y seguirá siéndolo durante miles de años— de parar el curso de la Historia9.

Estas ideas acerca del término central «doble pensar» muestran la conjugación de la tríada lacaniana en la película 1984. Lo imaginario (subconsciente, deseos, fantasías), Lo simbólico (dimensión del lenguaje) y lo Real (realidad objetiva). La vinculación de los tres elementos es clave para el accionar de la obediencia negativa en términos frommianos. El régimen totalitario de Oceanía cercena lo imaginario al llevar a la población a la insatisfacción de las necesidades básicas (sexo, alimento, pensar, etc.); vulnera la dimensión lingüística debilitando lo simbólico haciéndole llano (eliminación de palabras, términos y significados) y finalmente, niega ─oculta─ lo real a través de la construcción de realidades alternativas.

Claramente la obra de Orwell (llevada al cine) denuncia de manera eficaz el sentido negativo, en términos de Fromm, de la obediencia y del uso instrumental de la ciencia y el lenguaje para tal fin. Fromm, argumenta que los requerimientos básicos para una vida humana plenamente realizada (necesidades de relación, de enraizamiento, de trascendencia y de identidad) son obstaculizados por las estructuras sociales, fertilizando el terreno para el control social. Ambas vertientes, capitalismo y comunismo totalitario, buscan la estabilidad bajo la inacción de la esfera que posibilita el poder (en términos de Arendt) utilizando distintas formas de Violencia. Considera Fromm que, tanto el capitalismo como el comunismo totalitario se mueven hacia una burocracia industrial negadora de la vida, y critica al primero por ignorar y al otro por traicionar los ideales de un socialismo auténticamente humanista en el cual los individuos prevalezcan sobre las cosas, la vida sobre la propiedad, y el trabajo sobre el capital.

De esta forma, según Fromm, las naciones técnicamente avanzadas han logrado un nuevo tipo de individuo: el homo consumens, un «lactante eterno» consagrado a la posesión y consumo, pero solitario, aburrido y ansioso ─un hombre─ organización peligrosamente obediente. A diferencia de la obediencia, impuesta por el miedo a la violencia represiva que impone el comunismo totalitario, para Fromm, el capitalismo genera una obediencia basada en el continuo «desear». Evidentemente en 1984, la obediencia que se expone es la producida por el miedo a la represión del régimen mostrado no solo en los actos violentos de fuerza, sino además en la instrumentalización del lenguaje y de la ciencia.

Notas

1 Fromm, E. Sobre la desobediencia y otros ensayos. Barcelona: Paidós, 1984.
2 Idem., p. 40.
3 Zizek, S. Guía perversa de la ideología.
4 Wittgesntein, L. Tractatus lógico-philosophicus, Madrid: Alianza, 1922, p. 5-6.
5 Horkheimer, M. Critica a la razón instrumental, Buenos Aires: Sur, 1973.
6 Idem.
7 Roggerone, S. “Lo saben, pero lo hacen. Slavov Zizek y la persistencia de la crítica a la ideología”, Pilquen, Vol. 18, n.3, (2015) 1:9.
8 Rendueles, C. “Slavov Zizek. Verdad y enmancipación en la era posmetafisica”, Logos. Anales del Seminario en Metafísica, Vol 47, (2014):259-280.
9 Neira, D. Comentario filosófico-literario de 1984 de George Orwell.