Atravesando las murallas que rodean la histórica ciudad de los Papas, provincia de la región del Lacio, al norte de Roma, nos sorprenden numerosas iglesias, plazas, fuentes y palacios nobiliarios, que convierten Viterbo en un auténtico museo al aire libre. Corazón del centro urbano es el barrio medieval de San Pellegrino, meta en el pasado de los peregrinos jubilares, que llegaban por los caminos sagrados de Europa dirigidos hacia Roma y la Ciudad Santa.

Así pues, se nos presentan placitas, callejuelas, torres y viviendas con el típico profferlo, rincones sugestivos, suspendidos en el tiempo. A pocos metros, surge el Palacio de los Papas con la cercana e imponente Catedral de San Lorenzo y la Plaza del Jesús con la iglesia, a las que hay que añadir la plaza del Plebiscito con el Palacio de los Priores, sede de la administración municipal, dotado de espléndidas salas decoradas al fresco y el jardín interior dominado por la fuente de Vignola y la imponente Torre del Reloj, que aún señala el tiempo de los viterbeses. Muy cerca se abre la Piazza delle Erbe y la fuente con los Leones, símbolo de la ciudad.

La historia del hombre se vale de testimonios aún latentes que se conservan del pasado, y a pesar de que el crecimiento urbano se fue desarrollando en extensión y hacia lo alto, construyendo nuevos palacios e inaugurando diversos monumentos, que se erguían sobre los restos de los antiguos como cimientos, Viterbo no ha querido olvidar su subsuelo.

De hecho, una serie de circunstancias permitieron que las antiguas galerías subterráneas de toba se hayan mantenido inalteradas hasta hoy, dándonos la única y extraordinaria posibilidad de descifrar y descubrir ese no sé qué inaccesible. Así, la ciudad de Viterbo, con su barrio medieval, el mayor de Eropa, custodia en sus entrañas los restos de un antiguo pasado: la «Viterbo subterránea», con sus caminos excavados por el hombre, ofrece un auténtico laberinto hecho de pasajes secretos utilizados para comunicar las estructuras neurálgicas y estratégicas de la ciudad de los Papas, donde se proclamó el primer cónclave de la historia. Se trata de un mundo misterioso, fascinante y sorprendente, testigo de su memoria histórica: a partir de los Etruscos, al medievo hasta la edad contemporánea. Un universo subterráneo que ha sido durante siglos fuente de investigación e inspiración para muchos estudiosos y que en la actualidad ofrecen la inédita posibilidad de descubrir una Viterbo olvidada, ya no oculta.

De estos misteriosos sótanos se puede iniciar la visita de una parte, en la plaza de la Morte, pequeño ejemplo del recorrido monumental que se abre en la calle Chigi. Una propuesta para profundizar los aspectos más misteriosos de la memoria de Viterbo.

Mientras en la superficie, la ciudad de los papas esconde lugares, ritos, recuerdos e historias inesperadas, su subsuelo atrapa conociendo el dédalo de galerías que se cruzan a lo largo de varios kms. bajo el centro histórico, gracias a la iniciativa de Sergio Cesarini, fundador de Viterbo Subterránea, que se vale de guías altamente especializados.

De hecho, no se puede comprender totalmente la historia de la ciudad sin conocer su nivel subterráneo, que actualmente gracias a la iniciativa privada, se ofrece accesible al público.

Toca hacer hincapié en la importancia del agua: estas galerías tienen antiquísimos orígenes y su continuado y prolongado uso a lo largo de los siglos ha permitido diversas utilizaciones durante diferentes períodos históricos. Cabe recordar que fueron los Etruscos los primeros que iniciaron la excavación de una densa red de túneles en varios niveles con el objetivo de buscar, preservar y conducir las aguas. El nombre del antiguo asentamiento era Surina, del nombre del dios subterráneo Suri, vinculado a esos misteriosos olores y vapores emanados del terreno causados por la presencia en la zona de manantiales termales. Cada núcleo etrusco estaba dotado de acueductos, cisternas y redes hídricas subterráneas capaces de hacer correr las aguas, manteniendo constantemente drenado el terreno, evitando al tiempo humedades en el subsuelo y aguas estancadas en la superficie.

En el medievo, cuando la ciudad de Viterbo alcanzaba su desarrollo, los pasadizos etruscos de la ciudad subterránea fueron objeto de ulteriores intervenciones: elevados, ensanchados y alargados, para facilitar el paso de las personas. En muchos de estos sótanos, se encontraban los llamados “butti” (de buttare, arrojar), es decir pozos de desagüe excavados en el suelo en donde se echaba la basura doméstica de cualquier tipo. Y no solo, en epidemias y pestilencias se arrojaba todo aquello que había estado infestado por los enfermos. Una vez repleto se vaciaba o bien se cubría de cal. Utilizados por varios siglos, hoy día tras su descubrimiento, se convierten en fuente de valiosas noticias para estudiosos, historiadores y arqueólogos, aunque algunos fueron saqueados por los llamados tombaroli (ladrones de restos arqueológicos).

Desde la perimera mitad del siglo XIII, Viterbo fue escenrio de continuos enfrentamientos entre los güelfos, a favor de la Iglesia, y los gibelinos, defensores del Imperio. En 1240, en plena lucha con las autoridades pontificias, Federico II de Suabia llegó a Viterbo, considerada una base importante para atacar Roma. Mas los viterbeses a través de los pasajes secretos subterráneos llegaron hasta el campamento enemigo y lo sorprendieron atacándolo por la espalda y obligando a huir al ejército.

Y por si fuera poco, en el siglo XIX, los mismos pasadizos de la Viterbo subterránea constituyeron para los bandoleros un escondite ideal y también un auténtico laberinto para las fuerzas del orden. Este banditismo se expandió en las regiones centromeridionales de Italia, especialmente tras la unificación del país, proclamada en 1861. Un fenómeno que asumió diversas connotaciones dependiendo de las zonas y de las condiciones sociales y políticas donde se fue desarrollando.

Y por último, durante la Segunda Guerra Mundial, Viterbo fue una de las ciudades más dañadas. Los primeros bombardeos aéreos por parte de los norteamericanos iniciaron en el verano de 1943, cuando atacaron el aeropuerto. Después, en enero de 1944, le tocó a la zona norteoccidental de la ciudad, que sufrió numerosas destrucciones de edificios y monumentos. Entre los meses de mayo a junio de 1944, solamente en Viterbo fueron completamente destruidas unas 600 casas y otras 1800 quedaron deterioradas. Centenares de familias para protegerse de las bombas encontraron refugio en los espacios de estos sótanos... y no únicamente como bunker sino también adaptados a vivienda temporal para las numerosas familias evacuadas.

En defintiva, más de 3000 años de historia concentradas en las espectaculares criptas de esta Viterbo oculta y que la visita guiada ayuda a descubrir sus huellas y a penetrar en sus raíces.

Nota

La «Ciudad de los Papas» es el apelativo más conocido de Viterbo: se debe a que en el período entre 1257 y 1281, fue la sede pontificia sustituyendo la de Roma, cuyo traslado fue decidido por Alejandro IV para alejarse del clima hostil de persecuciones y disturbios de la ciudad eterna. Después de Alejandro IV, en Viterbo residieron Urbano IV, Clemente IV, Gregorio X, Inocencio V, Adriano V, Juan XXI, Nicoló III y Martín IV. En definitiva, la ciudad acogió a más de 40 pontífices y sendas cortes a lo largo de todo el medievo y el renacimiento. El Palacio de los Papas, el más importante monumento de la ciudad, se convirtió en el Vaticano viterbés, donde el papa se asomaba desde la lonja para impartir la bendición a los fieles.