Regresaba yo de Israel donde estuve unas seis semanas en un curso-entrenamiento sobre producción de hortalizas y otros cultivos en condiciones extremas. El gobierno israelí, a través de la Agencia Israelí de Cooperación Internacional para el Desarrollo (MASHAV) del Ministerio de Relaciones Exteriores, invitó a varios agrónomos latinoamericanos, entre los cuales me contaba.

La invitación se debió, en buena medida a que algún miembro de dicha agencia estuvo en República Dominicana y presenció un par de presentaciones sobre mis investigaciones de la época, utilizando cubiertas plásticas para aumentar la productividad, reducir plagas y disminuir el efecto de las malezas en la producción de tomate. Estos experimentos con láminas y cubiertas plásticas de doble faz, blanco y negro, los veníamos realizando desde 1992 en la estación experimental de Cagua, de FUSAGRI (Fundación Servicio para el Agricultor), donde me habían contratado para dirigir el Departamento de Hortalizas. Contaba allí con el apoyo de dos excelentes profesionales, la Ingeniera Agrónoma Zulay Gómez y el Técnico Agrícola, Alirio Alarze, además de los obreros de la estación, quienes tenían años de experiencia en labores agrícolas.

Sabiendo de la invitación, Adolfo Spaggiari, propietario de la empresa que producía y nos suplía esos plásticos para nuestros experimentos, amablemente (y sin ninguna condición) me regaló el pasaje hasta Israel (el MASHAV pagaba todos mis gastos en Israel, pero no el pasaje).

Como parte del plan de viaje, acordamos Adolfo y yo, parar, de vuelta de Israel, en Italia, para visitar la región del Abruzzo, y sus fincas de flores y hortalizas, muchas usando la tecnología del plástico. Tendría como área de estudio los alrededores de Chieti, donde me recibiría su hijo, quien vivía en la zona para ese entonces. Fueron dos días muy ocupados tomando notas, consultando a los agricultores y técnicos sobre la tecnología que utilizaban y otros detalles agronómicos. Desafortunadamente, no pude conocer ninguno de los varios pueblos que pasamos, cuyas fachadas fue lo único que pude ver. Luego de esos dos agitados días de aprendizaje, el joven Adolfo, mi amable anfitrión, debía retornar a sus labores, yo quedaba libre de dirigirme a mi segundo destino en Italia, la hermosa ciudad de Florencia. Recomendación sugerida por el tío Cesar, quien, años antes, la había visitado.

Para llegar a esa ciudad Toscana, cuna del Renacimiento, debía tomar el tren hasta Bolonia y hacer cambio de trenes allí. Al llegar a Bologna Centrale, la estación en la cual debía tomar el tren hasta Florencia, me percaté que acababa de salir uno, el próximo saldría en dos horas, y dos horas después habría otro. Decidí tomar el que me permitía estar cuatro horas en la ciudad.

Bolonia es cuna de la Alma Mater Studiorum – Università di Bologna, la universidad más antigua del mundo. Igualmente, esta ciudad es reconocida por su patrimonio artístico, histórico y cultural, además, está llena de leyendas de todo tipo. Un lugar perfecto para pasar varios días explorando. Pero con poco menos de cuatro horas en la ciudad, decisión que tomé al apenas enterarme que las torres Garisenda y Asinelli estaban a poco más de un kilómetro de la estación, busqué indicaciones y un mapa en la taquilla de información para llegar hasta ellas. Acto seguido, guardé en la estación el morral y la pequeña maleta que venía cargando desde Israel, y mapa en mano y casi a la carrera, me dirigí hasta las torres.

Estas dos torres inclinadas son símbolos de Bolonia, quizás los más reconocidos de los que existen en la ciudad. Sus nombres aparentemente derivan de dos familias, Asinello y Garidendi, a las cuales se les ha atribuido el financiamiento de su construcción. Son, además, las únicas dos torres históricas que permanecen de las 180 (número exagerado, según algunos) que supuestamente llegó a tener la ciudad en su mayor época de esplendor.

La torre de Asinelli es la más alta, con casi 100 metros, ligeramente inclinada, solo 1.3 grados de inclinación. La Garisenda, tiene poco más de 45 metros de altura, con 4 grados de inclinación.

... los edificios más notables de Bolonia son las torres de vigilancia... Durante el siglo XII, cuando las ciudades de Italia... eran rivales... se erigían frecuentemente torres de vigilancia. …ninguna es más notable que las torres de Asinelli y Garisenda… la primera fue construida en 1109, [o]… 1119. La torre Garisenda, construida unos años más tarde, ha quedado inmortalizada en [varios versos] de Dante…

Estas torres han sido inmortalizadas no solo por el poeta y filósofo Dante Alighieri (1265-1321), sino también por Johan Wolfgang von Goethe (1749-1832), Charles Dickens (1812-1870), Giosuè Alessandro Giuseppe Carducci (1835-1907) y Antal Szerb (1901-1945), entre otros relevantes escritores.

¿Pero qué decir de la más famosa torre inclinada, el Campanario de la Catedral de Pisa? Comúnmente conocida como la Torre Pendente di Pisa, o Torre Inclinada de Pisa, esa en la cual, supuestamente, el científico italiano, Galileo Galilei (1564-1642), astrónomo, ingeniero, matemático y físico, padre de la Ciencia Moderna, para entonces profesor de matemáticas de la Universidad de Pisa, dejaría caer dos esferas de diferente masa desde el lado sur del séptimo piso, demostrando que el tiempo que tarda un cuerpo en caer, es independiente de su masa.

Durante aquel viaje pude haber llegado hasta Pisa, pero entre mi mala planificación y haber perdido un día entero en Roma ayudando a una amiga a quien, la noche de nuestra llegada a Italia, le robaron su cartera, su dinero y sus papeles, dilatando un día mi viaje al Abruzzo, lo impidieron. Pero en el 2017 me desquité, durante nuestra estadía de varios días en Florencia, mi esposa y yo aprovechamos uno de esos días para viajar hasta Pisa, recorrer algo de la ciudad, y por supuesto, visitar la Piazza dei Miracoli o del Duomo, con su catedral, baptisterio y campanario, este último la famosa «torre inclinada».

El Duomo, o catedral medieval primada está dedicada a Santa Maria Assunta (o de la Asunción). Esta hermosa catedral románica pisana, fue construida con una combinación de mármol blanco, gris, negro y de colores, contiene varios mosaicos en su interior y arcos característicos que indican una gran influencia bizantina. A la entrada, sobre la puerta del centro, de mayor tamaño que las dos laterales, vemos escrito el nombre de su constructor Operador Rainaldus prudens (el maestro arquitecto y prudente operador Rainaldus). El santo patrono de la ciudad es el peregrino San Raniero, en su capilla, al extremo sur de la catedral, se encuentran sus reliquias. En el lado este del crucero (parte transversal de cualquier edificio, ubicado a lo largo del cuerpo principal del mismo, típico de las iglesias cruciformes de estilos románico y gótico) sur, la iglesia presenta las puertas de San Raniero, construidas por el escultor Bonnano Pisano, representando los principales episodios de la vida de Cristo.

Según uno de los guías turísticos que caminaban por los alrededores de la Piazza conversando con algunos visitantes, fue en esta catedral donde Galileo Galilei, nativo de Pisa, formuló su teoría sobre el movimiento del péndulo (aunque las esferas de varios péndulos sean de distinto tamaño y peso, los péndulos realizan igual número de oscilaciones en el mismo tiempo) al notar las oscilaciones de una lampara de incienso que colgaba del techo de la nave (esta lampara, por cierto, ya no está dentro de la iglesia, sino en la Capilla de Aúlla, en el camposanto anexo a la Piazza). Recordemos que el péndulo nos permite determinar con precisión la aceleración local de la gravedad, de manera que, con ese descubrimiento, Galileo comprobaría que el período de oscilación de un péndulo es independiente de su arco de balanceo, o en términos físicos, su amplitud.

El baptisterio, dedicado a San Juan Bautista, está en el extremo oeste de la catedral. De estilo románico, construido por el maestro arquitecto Diotisalvi (su nombre aparece en una de las columnas interiores), es el de mayor tamaño de toda Italia. Su interior es muy sobrio, carente de decoraciones. La pila bautismal está en el centro, y el piso está dividido en ocho secciones de acuerdo con cada lado de dicha pila.

Finalmente, el campanario, la mayor atracción del lugar, está detrás de la catedral. Si caminas con calma desde la estación del tren Pisa Centrale hasta la Piazza, te tardarás unos 25 minutos y casi con seguridad entrarás a un lado de la inclinada torre. Construida en etapas por casi 180 años, pero ya a los cinco años de haber comenzado la obra, esta empezó a inclinarse, hundiéndose el edificio en su lado sur. Su constructor, Bonnano Pisano, al ver su obra inclinada, se sintió avergonzado considerándolo un fallo terrible, sin incluir la piedra con su firma. Recientemente, una arqueóloga de Pisa encontró en las inmediaciones de la Torre, esa piedra con la inscripción Bonanus civis Pisanus opus (Obra Civil de Bonanno Pisano, la palabra opus algo desgastada). Abandonada durante un siglo luego de construir el tercer piso, el subsuelo se estabilizó. Tratando de ajustar su inclinación, los pisos superiores, hasta el sexto, fueron construidos a partir de 1272 con el lado sur más alto que el norte. Esta estrategia, en vez de ayudar y compensar, hizo que la torre se inclinara un poco más. El séptimo y octavo pisos fueron construidos de la misma manera (un lado más alto que el otro) en 1372, con la consiguiente nueva inclinación. El octavo piso, menos ancho, aloja las siete campanas. En diversas épocas, trabajos varios, algunos experimentales, trataron de disminuir o parar el proceso de inclinación. Hace algunos años finalmente un equipo multidisciplinario de expertos logró que el campanario dejase de inclinarse, utilizando un sistema complejo de consolidación y nivelación del suelo. Igualmente, instalaron un dispositivo para observar cualquier cambio milimétrico de la estructura. Para este pasado 2023, y ya por algún tiempo, la torre mantenía 3.97 grados de inclinación.

Los habitantes de Pisa, a pesar de que la ciudad tiene su histórica universidad, la Scuola Superiore Sant’Anna y la Scuola Normale Superiore, instituciones de pre- y postgrado, mundialmente reconocidas, además de numerosas obras arquitectónicas, y de arte resguardade en varios museos e iglesias, parece coincidir que, sin la torre inclinada, «otro gallo cantaría». Muy posiblemente no muchos se interesarían en visitar la ciudad, y hoy sería, posiblemente «una ciudad olvidada».

¿Pero qué decir de Bolonia? Esta ciudad, además de su acervo histórico y cultural, está llena de leyendas. Varias, relacionadas con sus dos inclinadas torres. Dicen algunos lugareños que la torre Asinelli nada tiene que ver con una familia que supuestamente sufragó su construcción y le dio nombre. Curiosamente, el nombre Asinelli no aparece en los archivos relacionados con la construcción de la gran torre, sino 70 años después de su edificación.

Una de las leyendas más notables asociadas a las dos torres, asegura que, a comienzos del siglo XII, un joven pobre, guapo y carismático, siempre sonriente y feliz, trabajaba como albañil en Bolonia. Nadie recuerda su nombre, pero era apodado «Asinelli» (pequeño asno) ya que el joven debía transportar sus instrumentos a cuestas (albañiles más pudientes llevaban sus instrumentos de trabajo en burros). Un día, el joven vio a una hermosa doncella asomada a la ventana de la Torre Garisenda, casa y fortaleza del jefe de la policía local, llamado Garisendo. El joven albañil quedó prendado de la doncella y decidió pedirle la mano al padre, a pesar de las diferencias sociales.

Garisendo, apreciando el coraje del joven, le prometió que le concedería la mano de la hija solo si era capaz de construir la mayor torre del mundo. El joven comenzó a trabajar sin descanso para recaudar el dinero que le permitiera comprar materiales y pagar empleados para construir la enorme torre. Luego de muchos meses e insuficientes ahorros, Asinelli estaba en la orilla del Río Reno, recogiendo arena y piedras, encontrando un lote de monedas que las aguas del rio habían traído quién sabe de dónde. Con la pequeña fortuna que halló, financió la construcción de su torre, justo al lado de la de Garisendo, donde vivía su amada. Como la torre de Asinelli pudo alcanzar el cielo, fue de nuevo a pedir la mano al padre de la doncella. Garisendo, hombre de honor, permitió que su hija se casara con el joven albañil.

Notas

Atkinson, S. C. (1832). Atkinson’s Casket. Gems of Literature, Wit & Sentiment. Vol. 7. Philadelphia: Samuel C. Atkinson. 576 pp.
Burland, J. B., M. B. Jamiolkowski, N. Squeglia y C. Viggiani (2021). The Tower of Pisa: History, Construction and Geotechnical Stabilization. London: CRC Press. 62 pp.
Miller, N. (1989). Renaissance Bologna: A Study in Architectural Form and Content. Kansas: University of Kansas Humanistic Studies. 218 pp.
Roversi, G. (1989). Le torri di Bologna: quando e perché sorsero, come vennero costruite, chi le innalzò, come scomparvero, quali esistono ancora. Bologna: Edizioni Grafis. 359 pp.
Viviani, V. (2015). Racconto istorico della vita di Galileo Galilei. California: CreateSpace Publishing. 32 pp.