Este artículo está dividido en dos partes. En la primera entrega, analizaremos las representaciones artísticas sobre la Conquista de México hechas por Theodor de Bry. Expondré con argumentos mi reflexión sobre el tema, cuya tesis principal es: la Iglesia católica del siglo XVI fue responsable de los sucesos derivados de la Conquista y colonización de América, en la misma medida en que lo fueron los poderes monárquicos y militares. En la segunda entrega, comentaré algunas pinturas del mexicano Félix Parra con la misma temática de la Conquista y las compararemos con lo visto en la primera parte.

Para comprender el sentido y contexto de estas representaciones visuales, me parece clarificador determinar la influencia de textos como la Brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de Las Casas y las Cartas de Vespucio y de Colón sobre la creación del imaginario europeo relativo a América. Dicho imaginario motivó los grabados de Theodor de Bry, los cuales ilustraron en el siglo XVI las escenas más crueles de la Conquista. En la segunda parte, hablaremos de las similitudes entre los grabados de De Bry y las pinturas de Félix Parra, quien en el siglo XIX (después de la independencia de México), retomó algunos sucesos representativos de la Conquista con el objetivo de difundir la historia nacional.

El encuentro de dos mundos

El descubrimiento, encuentro con América (o la invención de América si aludimos a la tesis de O’Gorman), es el antecedente histórico de toda la literatura, el arte, y las discusiones filosóficas surgidas en torno a la Conquista de México. Fue a partir del encuentro con el Nuevo Mundo, realizado en 1492 por Cristóbal Colón, y continuado entre 1499 y 1500 por el explorador Américo Vespucio, que el continente europeo transformó su concepción del mundo.

Así comenzó la reconstrucción de la cartografía del globo terráqueo; la fascinación por el reciente hallazgo impulsó todo tipo de leyendas y fantasías sobre seres extraordinarios, igual que ciudades míticas con inconmensurables riquezas. Los intereses mercantiles y políticos de países como España, Portugal, Francia e Inglaterra determinaron el establecimiento de nuevas rutas comerciales, así como la nueva geografía política, donde las tierras descubiertas se convirtieron en colonias de los países mencionados. Los acontecimientos relativos a la transformación del mundo ocurrieron en periodos relativamente breves. Un ejemplo de esto es la empresa española de la Conquista de México (entre otros territorios de Latinoamérica y el Caribe), iniciada poco después de 1492 y prolongada hasta la dominación de los pueblos más poderosos de México, entre ellos, el imperio de Tenochtitlan que fue vencido en 1521 por Hernán Cortés en alianza con otros pueblos indígenas.

Desde los primeros viajes de Colón y Vespucio nació una imagen del Nuevo Mundo a partir de las descripciones presentadas en sus cartas. Los navegantes detallaron las características tanto del entorno natural, como de la apariencia física de los nativos y sus costumbres. Cortés realizó la misma labor entre 1519 y 1526 al escribir para el emperador Carlos V sus Cartas de relación, donde contó eventos de sus batallas, travesías y hazañas en México. Posteriormente, en el año de 1552 Bartolomé de Las Casas escribió su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, texto a la vez sorprendente, doloroso y dramático que narra las humillaciones, matanzas e indignantes agravios cometidos contra los indígenas. La inspiración del grabador holandés Theodor de Bry por ilustrar la Conquista, surgió con la creciente difusión del texto de Las Casas.

Los grabados de Theodor de Bry

Theodor de Bry (1528-1598) fue un grabador, editor e impresor belga nacido en la ciudad de Lieja. En su taller se publicaron entre 1590 y 1634 los catorce tomos de la colección de Grandes Viajes, donde se mostraban imágenes de los indios norteamericanos (de las regiones de Florida y Virginia), así como de la Conquista española en tierras mesoamericanas. Estas representaciones pictóricas mostraron cuáles eran las costumbres de dichos pueblos, cómo había sucedido el encuentro con los europeos, e incluso intentaron recrear la fisonomía de los nativos (Montoya, 2014, p. 119).

El trabajo realizado por De Bry está basado en cartas y testimonios, aunque es interesante señalar que «Theodore de Bry, que jamás vio un indígena en su vida, o más bien, que nunca viajó a América, se presentaba en sus Grandes Viajes como alguien suficientemente serio, preocupado por rescatar el documento fiel» (Montoya, 2014, p. 123). Entonces, el grabador belga no conocía personalmente el entorno natural ni la fisonomía de las personas que estaba dibujando; esto explica por qué la visión que nos muestra del indígena es lejana a su apariencia real, no obstante, el objetivo de representar la crueldad y las torturas manifestadas hacia los indígenas está muy bien logrado.

En el año de 1583 se editó, traducida al inglés, la Brevísima de Bartolomé de Las Casas, donde aparecían los grabados de De Bry como ilustraciones de la narración. Una de las razones por las cuales la obra de Las Casas tuvo tanto éxito en los países europeos (principalmente en Alemania y en los Países Bajos), fue la división religiosa causada por la Reforma entre los católicos y los protestantes. Dar a conocer la Brevísima con sus respectivos grabados, fue una estrategia de los protestantes (conocida como «leyenda negra»), para desacreditar y criticar los abusos de los españoles y portugueses católicos.

Como sostiene Montoya: «hay una condenación por parte de los protestantes de los abusos y excesos cometidos por los católicos españoles y los indígenas son presentados como víctimas inocentes para así deslegitimar la Conquista de América» (Montoya, 2014, pp. 123-124). La función política de las imágenes de De Bry se vuelve evidente y, al mismo tiempo que prevalece la intención de denuncia, hay una perspectiva idílica del americano construida por el prejuicio del «buen salvaje». La idea del buen salvaje supone que el ser humano ha vivido en un estado de inocencia primitiva en el cual está unido con la naturaleza, sin haberse corrompido por la civilización y vive en armonía con todos los seres.

Análisis de los grabados de Theodor de Bry

En las ilustraciones realizadas por De Bry se observa la oposición de dos figuras antagonistas: por un lado, el indígena identificado con el «buen salvaje»; por otro lado, el español asociado con el vicio, la ambición y la crueldad. Según Bartolomé de Las Casas, el símil apropiado para representar a ambos personajes es el de las «ovejas y los lobos hambrientos», para referirse con ello a los indios y a los españoles respectivamente (Las Casas, 2015, p.18). Aunque no nos detendremos aquí a discutir si esta comparación es precisa o exagerada, funciona bien como una muestra de la postura que analizamos en los grabados.

Sobre la caracterización del indígena, considero que hay tres rasgos principales que Las Casas destaca en su Brevísima. El primero es que los indios son naturalmente humildes y pacíficos: «Todas estas universas e infinitas gentes […] crio Dios los más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas, fidelísimas a sus señores naturales y a los cristianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas […] Son asimesmo las gentes más delicadas, flacas y tiernas en complisión» (Las Casas, 2015, p.16). Con esta descripción de Fray Bartolomé, De Bry dibujó los cuerpos indígenas, a los que representó como imberbes e incluso calvos, siguiendo lo también descrito por Vespucio en sus Cartas: «Porque ellos no tienen barba alguna, ni visten ningún ropaje, así los hombres como las mujeres, que van como salieron del vientre de su madre, que no se cubren vergüenza ninguna, y así por la diferencia del color, porque ellos son de color como pardo o leonado y nosotros blanco» (Vespucio, 1994, p. 145).

Sin embargo, es evidente que las imágenes del grabador no corresponden a la complexión física indígena; en su lugar, en ellas se refleja el ideal renacentista del cuerpo humano, semejante al de las esculturas griegas clásicas. El segundo rasgo consiste en que los indígenas son inteligentes y racionales, por tanto, son aptos para recibir la fe: «Son eso mesmo de limpios y desocupados y vivos entendimientos, muy capaces y dóciles para toda buena doctrina, aptísimos para recibir nuestra santa fe católica y ser dotados de virtuosas costumbres» (Las Casas, 2015, p.17). De esta manera, Las Casas objetó a aquellos quienes, como Ginés de Sepúlveda, argumentaron que los indígenas eran de naturaleza servil, sin suficiente inteligencia. El tercer elemento que el fraile dominico atribuyó a los nativos fue su inocencia frente a la guerra que les hacían los españoles, pues los pobladores originales no habían dañado u ofendido en nada a los europeos. El evangelizador concluyó que se trataba de una «guerra injusta» motivada principalmente por la ambición del oro:

La causa por la que han muerto y destruido tantas y tales y tan infinito número de ánimas los cristianos, ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días […] nunca los indios de todas las indias hicieron mal alguno a cristianos, antes los tuvieron por venidos del cielo (Las Casas, 2015, p. 20).

En el trato común de los cristianos hacia los indígenas no hubo la intención de entender su cultura ni su cosmovisión (aunque hay contados ejemplos de lo contrario). Según el Obispo de Chiapas, los españoles tenían objetivos materiales claros y, en todo caso, su mejor coartada fue implantar entre los pobladores de América la fe cristiana, argumentando el adoctrinamiento en beneficio de la salvación de los naturales. Probablemente, Bartolomé de Las Casas se dio cuenta de que la Iglesia católica estaba al servicio de intereses políticos y económicos, los cuales se intentaron justificar mediante la religión.

De esta negligencia e indiferencia de los católicos por comprender a las culturas intervenidas en el Nuevo continente, se siguieron sus acciones de destrucción y sometimiento bajo excusas ventajosas como la «idolatría», en palabras de Serge Gruzinski:

El occidente proyectó sobre la América india unas categorías y unas redes para comprenderla, dominarla y aculturarla. Con esta intención, para identificar al adversario al que deseaba convertir, los misioneros recuperaron la terminología de los Padres de la Iglesia y denunciaron infatigablemente las «idolatrías» […] El occidente cristiano redujo a sus presas a sus propios esquemas, las volvió objetos de sus debates, inventó de paso las «religiones amerindias» (2013, p. 16).

Los cristianos españoles aprovecharon las enormes diferencias de las costumbres y creencias europeas frente a las americanas para esclavizar, tomar tierras, bienes materiales y también para matar a quienes eran distintos de ellos. Por eso la tesis de O’ Gorman es que el descubrimiento implica algún tipo de «invención». De acuerdo con el historiador, la idea que el hombre se forma de su mundo depende de la idea que el hombre tenga de sí mismo, luego, concibe el mundo a su imagen y semejanza. Si el hombre se concibe como posibilidad de ser, el universo le parecerá un campo infinito de conquista para labrarse su mundo. A partir de esta «creación» del Nuevo Mundo, se gestó la concepción del indígena, aunque, en gran medida, esta no correspondía a las personas recién conocidas.

De los párrafos previos deducimos que se realizó una guerra injusta en varios sentidos. Fue ilegítima porque no existían razones válidas para destruir a los pobladores de América; además fue desigual porque los indígenas no poseían armamentos ni animales de combate como los perros y los caballos, por ello, los españoles encontraron oportunidades para mayores victorias, sumado a la propagación masiva de enfermedades desconocidas en América, como fue la viruela. Vespucio, en una de sus cartas externó: «encontramos muchísima gente, y descubrimos más de 1,000 islas, la mayor parte habitadas y siempre gente desnuda y toda era gente muy miedosa y de poco valor, y hacíamos de ella lo que queríamos» (Vespucio, 1994, p. 150). Ante los abusos suscitados en la Conquista, hubo en la época ciertos juicios negativos sobre las guerras, tanto de los misioneros: Bartolomé de las Casas y Bernardino de Sahagún, como de los humanistas: Celio Secondo Curione y Michel de Montaigne. A pesar de la denuncia a las guerras armadas, Bartolomé de Las Casas sí defendió la conquista espiritual o «evangelización», aunque proponía que esta se realizara de una manera pacífica y humilde.

Crítica hacia los actores de la Conquista de México en los grabados de De Bry desde una perspectiva histórica nacional

Pienso que actualmente hace falta denunciar la intervención que tuvo el catolicismo para lograr el sometimiento cultural de los pueblos americanos en las guerras de conquista. Hoy en día, la Iglesia católica continúa influyendo fuertemente en la mentalidad de la mayoría de los mexicanos, todavía hay muchos «fieles» a esta institución que tanto ha dañado a nuestra sociedad en múltiples episodios criminales. Han pasado más de quinientos años desde la Conquista, muchos celebran que México se haya independizado del dominio español, pero no se cuestionan por qué la mayor parte de los mexicanos están todavía subordinados al dominio religioso inicialmente impuesto por los españoles.

Para quienes son escépticos al respecto de las agresiones de la Iglesia católica, basta con mencionar algunas de sus perniciosas intervenciones sociales. Veamos tres ejemplos: 1) los cientos de denuncias hacia eclesiásticos por violaciones sexuales a miles de niños y niñas en México durante décadas; 2) el machismo y la misoginia generalizados en nuestro país, heredados del discurso de sumisión de la mujer. El propio machismo de esta religión impide que las mujeres quienes la profesan puedan asumir jerarquías altas dentro de su sistema. 3) En tercer lugar, un flanco del catolicismo ha encubierto el despojo y desplazamiento forzado de miles de indígenas chiapanecos debido a la conversión de estos al protestantismo en los últimos cincuenta años. Para una investigación más enterada de la historia general de esta religión, remito al lector a la Historia criminal del cristianismo de Karlheinz Deschner, detallada en diez tomos.

Aunque en alguna medida podemos argumentar a favor de las ideas humanistas y pacifistas de un par de intelectuales católicos, lo cierto es que la «doctrina» cristiana de fraternidad y amor al prójimo ha quedado muy lejos de la realidad en las prácticas generalizadas. Las propuestas de respeto hacia las culturas indígenas no fueron ejercidas ni por los conquistadores, ni por los gobernantes españoles, a pesar de la legislación promulgada en 1512 con el fin de evitar las injusticias, llamada: «Leyes de Burgos».

Además, las «Bulas Alejandrinas» constituyen la evidencia más clara de que la Iglesia católica justificó y legitimó la explotación de los españoles hacia los nativos americanos, de este modo, la Iglesia católica del siglo XVI fue responsable de los sucesos derivados de la Conquista y colonización de América, en la misma medida en que lo fueron los poderes monárquicos y militares. Por ello, considero fundamental repensar la responsabilidad histórica que ha tenido la Iglesia católica en nuestra sociedad.

Claramente, el dogma cristiano tiene distintas facetas en el ejercicio religioso de los creyentes mexicanos, sin embargo, sobresale un tipo de «cristianismo popular» que forma parte del trasfondo ideológico y cultural de nuestro país. Dicha ideología popular se caracteriza por episodios clave de la historia, los cuales, muestran el rostro vil del catolicismo. Enseguida indico tres de estos episodios históricos: el primero comienza con la legalización de la Conquista como una campaña político-militar aceptada y querida por el cristianismo y su dios, con el fin de conseguir más fieles. Este reconocimiento quedó plasmado en las nombradas «Bulas Alejandrinas» de 1493 extendidas por el papa en turno, desde la sede oficial de la Iglesia occidental en Roma.

El segundo hecho histórico es el asentamiento de la Inquisición en 1571 en tierras americanas, mejor conocida como el «Tribunal del Santo Oficio de la Nueva España». Esta institución se encargó de torturar, perseguir y asesinar a miles de personas acusadas de herejía e idolatría durante la colonia. El tercer momento histórico, más cercano a nosotros temporalmente, refiere a la oposición que la Iglesia ha mostrado para otorgarle derechos a las mujeres. Los derechos femeninos no consentidos por la Iglesia van desde el ámbito político hasta el médico, estos son: el derecho al voto, el derecho a la educación superior y el derecho a la educación sexual y reproductiva. Todos los elementos mencionados, tienen la finalidad de sustentar, desde una cronología histórica, la crítica hacia aquellas interpretaciones de la Conquista que han eximido de responsabilidad al cristianismo.

Tanto en los grabados de Theodor de Bry, como en las narraciones de la destrucción de las Indias de Bartolomé de Las Casas, hay una tendencia a enfatizar la crueldad de los soldados españoles, mientras que los curas y otras figuras eclesiásticas son omitidos o bien, son representados como la contraparte bondadosa y caritativa de la conquista; pero sabemos que su intervención fue clave para subyugar a la población durante los casi trescientos años de colonialidad en América.

Reflexión final

En conclusión, afirmo que las obras de T. de Bry respondieron a las demandas de su época y mediante las imágenes, ofrecieron al mundo un discurso histórico de su tiempo, en palabras de Gruzinski: «Si la América colonial era un crisol de la modernidad es porque fue, igualmente, un fabuloso laboratorio de imágenes. En él descubrimos cómo las ‘Indias Occidentales’ entraron en la mira de occidente antes de afrontar, por oleadas sucesivas e ininterrumpidas, las imágenes, los sistemas de imágenes y los imaginarios de los conquistadores» (Gruzinski, 2013, p.13). En el siglo XVI, las pinturas, los grabados y otras representaciones visuales fueron los vehículos predilectos para la comunicación.

La mayor parte de los europeos de dicho siglo nunca conoció personalmente las tierras del nuevo continente, no obstante, las imágenes realizadas con base en los escritos de los exploradores crearon el nombre, la historia e incluso la identidad de los pueblos de estas latitudes. En el discurso histórico crítico de la guerra injusta y la crueldad de los conquistadores, es necesario subrayar la responsabilidad de quienes fueron sus aliados: la religión católica y sus evangelizadores.

Notas

Casas, B. (2015). Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Editado por José Miguel Martínez-Torrejón, México: Conaculta.
Gruzinski, S. (2013). La guerra de las imágenes de Cristóbal Colón a Blade Runner (1942-2019). México: Fondo de Cultura Económica, 2013.
Montoya, P. (2014). «La representación pictórica de los indios timucuas en Jacques Le Moyne y Théodore de Bry». Boletín de Antropología 29, núm. 47 (el 19 de agosto): 116–140.
Vespucio, A. (1994). «Cartas». Ernesto de la Torre Villar (Ed.). En: Lecturas históricas mexicanas, 1.a ed. México: Universidad Nacional Autónoma de México. pp. 140–152.