«Si no lo veo, no lo creo» es una expresión de esas denominadas de toda la vida. Una expresión que, si se mira desde cierto punto de vista, se puede ver cómo ha recorrido un largo viaje para volver poco menos que al punto de partida. Digo esto porque, si tomamos como contexto que esta frase data de cuando la palabra escrita era una novedad, se entiende que se refiere a la incredulidad expresada por un sujeto hacia una historia que le están relatando y su necesidad de presenciar los hechos narrados con los propios ojos para darles crédito.

Con el paso del tiempo y los avances tecnológicos han ido apareciendo diferentes maneras de constatar los hechos acontecidos. La aparición de la fotografía, el sonido grabado y más adelante el video trajeron consigo nuevas maneras de demostrar que algo realmente había sucedido. Durante largo tiempo estos medios se consideraban pruebas de todo derecho y mientras esto era así, la expresión «si no lo veo no lo creo» se relajó y dejó de limitarse «a los propios ojos» para aceptar estos nuevos medios como sinónimos de verdad.

Sin embargo, a medida que se desarrollaron esos medios fueron surgiendo nuevos y más refinados métodos para trucar las pruebas. Una foto, un audio o un video ya no eran algo de lo que alguien pudiera fiarse al cien por cien y esto era antes de llegar a la Era digital; ésta llegó y trajo consigo una aceleración exponencial de la manipulación audiovisual, la cual parece aún muy lejos de su plenitud.

Software de imitación

Actualmente estamos viendo cada día una mejora constante en la tecnología de manipulación audiovisual. Este desarrollo no se está dando únicamente por la mejora en la manipulación de fotos, audios y videos sino también por los avances que se están consiguiendo con la inteligencia artificial. Hoy vemos cómo la tecnología de intercambio de caras o rejuvenecimiento están a la orden del día y no hacen más que mejorar.

También hay que señalar que compañías como Baidu con su Deep Voice o Lyrebird AI están apostando fuerte por el software de clonación de voz. Por su parte, Samsung ha presentado su proyecto NEON, el cual pretende crear «humanos artificiales» mediante software. Si a todo esto le sumamos el desarrollo que están teniendo los asistentes virtuales, no sería raro que dentro de unos años tu asistente virtual sea capaz de hacer llamadas por ti con tu propia voz y forma de hablar e incluso videollamadas copiando tu cara y expresiones faciales.

Tiene sentido puesto que la manipulación última, la mentira más elevada y culmen de todo este desarrollo no es otro que el de imitar a una persona. Cuando se puedan engañar todos los sentidos de un ser humano para hacerle creer que está tratando con otra persona en lugar de una máquina, entonces se podrá decir que finalmente ese desarrollo de la manipulación ha llegado a su cénit.

Mentira y escepticismo

Actualmente hay iniciativas para la creación de software de detección de videos manipulados y noticias falsas, como es el caso del Face X-Ray de Microsoft. A pesar de eso todo lo anterior no hace sino prever que la cantidad de información manipulada que nos va a ir llegando va a ser cada vez mayor y más refinada. Esto muy posiblemente provocará que las personas se vayan volviendo cada vez más escépticas y no es para menos; la capacidad de crear un video de un político diciendo o haciendo algo que en realidad no ha dicho o hecho e incluso ponerlo en videoconferencia respondiendo preguntas sin que esté en verdad allí es ya una realidad. Si hoy en día un mero usuario privado puede manipular un video de forma muy realista, qué será capaz de conseguir alguien con más medios y presupuesto.

Sí, es muy posible que la personas nos volvamos cada vez más escépticas con la información que recibimos y será bueno que lo seamos. Sin embargo, los seres humanos solemos tener el terrible defecto de ser escépticos únicamente con las cosas con las que no estamos de acuerdo; si a eso le sumamos el hecho de que Internet potencia sobre manera el efecto de «Cámara de Eco» podemos cometer el error de encaminarnos hacia un futuro en el que perdamos completamente el consenso de lo que es verdad.

Empezaba el artículo diciendo que la expresión «si no lo veo, no lo creo» ha recorrido un largo camino para volver al principio. Y es que parece que han vuelto esos tiempos en los que necesitábamos presenciar algo para poder creerlo, en los que si no lo veíamos con nuestros propios ojos in situ no podíamos asegurar si era verdad; o puede que estemos entrando en un tiempo nuevo, en el que ni presenciando algo en directo podamos asegurar que realmente ha sucedido. Creo que es posible que lleguemos a un punto en el que la expresión acabe siendo anacrónica, pues ni a nuestros propios ojos nos podremos confiar para considerar algo verdad, y es que aún no hemos visto nada.