Un perro que trabaja de perro

El perro ovejero fueguino

24 ABRIL 2017,
Perro ovejero fueguino
Perro ovejero fueguino

Podemos considerar al perro ovejero fueguino como un animal sin raza definida. Suelen ser de un peso mediano, inferior a los veinte kilos. Responde a una cruza con el Border Collie, pero dotado de ladrido, lo que le permite un eficaz comportamiento en campos amplios y ensordecidos por el viento.

Este animal de pelo largo, que recibe una denominación, un sobrenombre: Barbucho, es sumamente habilidoso para buscar animales en el monte y sobrio y esforzado en la conformación y conducción de los pinos.

El que nos presta su figura para completar la limitación de nuestra capacidad descriptiva es un ejemplar de buena cría de Estancia La Porteña, ya educado para el trabajo.

A los perros, pese a ser propiedad del ovejero, se los confina en las grandes estancias, en las denominadas gateras, de formación del término inglés gate, que tenían pitadas en las puertas.

Esta agrupación no impide el trato con el hombre, lo que lleva a que sean reconocidos como animales de amo, es decir que no obedecen o trabajan con extraños.

Cada ovejero suele tener no menos de una docena, indispensable para el trabajo. Constituyen lo que se denomina la cordelada.

Es el ovejero el que se preocupa por la alimentación y controla la reproducción, que se da con dos pariciones al año.

En algunas estancias chicas se da una marcada promiscuidad, que consiste en que habiten animales y hombres en el mismo recinto, y la ingestión de vísceras crudas, que de estar cargadas de quistes, propagan una enfermedad que se transmite por los excrementos del can: hidatidosis.

La vida útil de un perro va del año a los seis o siete. El aprendizaje comienza a partir de los seis u ocho meses, consistiendo en salir al campo. El ovejero muestra poca preocupación en enseñarle, no hay premios ni reprimendas, gobierna el instinto del perro que obedece, adivinando los gestos, silbidos y gritos, interpretando señales o siguiendo a algún perro viejo.

De la lectura de la Ovinotécnica del Doctor Adrián Bistch, aparece la existencia de tres tipos de animales:

1) El abierto: que en campos grandes o de monte maneja los animales de veinte o treinta metros sin acercarse nunca;
2) El cerrado: apropiado para relacionarse de cerca con los animales mansos;
3) El puntero: encabeza los piños en la marcha impidiendo que se disgregue, el que lleva el ritmo de la travesía.

El afecto del hombre al perro se refleja en los nombres, generalmente cortos o sonoros, en la esquila del barbucho -muy festejada-, en las sueltas de los animales para que perreen en los días que no hay nada que hacer, en la respuesta del animal a las señales y silbidos.

Pero si nuestro perro llega a picar -manotear a una oveja-, será signo de su inutilidad para el trabajo, por lo cual será sacrificado.

Suele verse al ovejero jugar con sus perros viejos más que con los cachorros, acariciándolos en su pelaje descolorido, repasando historias que ellos dos saben o comprenden, marcándoles las cicatrices que les dio el tiempo y el trabajo, calzándolo con guantes de lona o arpillera para que no se aspeen tanto en los últimos trotes que les depara la vida.

Desde 1975, el primer domingo de marzo es el momento en que se congregan trabajadores del campo fueguino para mostrar la destreza de sus perros en el manejo de hacienda ovina. Uno o dos animales conducen un pequeño grupo de cinco lanares, dando una idea de lo que es el desplazamiento de miles de ellos cuando es necesario armar los “piños” –así se las conoce en la Patagonia a a las majadas- es la muy particular Fiesta del Ovejero.

La gente de la ciudad concurre al potrero donde se muestran estas habilidades, a la vez que se acompaña al espectador con una comida tradicional: el cordero asado al palo. En medio de todo esto, una vez finalizadas sus participación los perros de trabajos esperan impacientes de sus amos le tiren un hueso como elemental recompensa por su comportamiento en una fecha extraordinaria.

Esta Fiesta, antes propia de la campana de Río Grande, ha comenzado a tener réplicas tanto en la Patagonia argentina, como chilena, y hay un lugar de consulta donde podemos saber más de esta singular actividad