La poeta Amanda Pazmiño (Guayaquil, 1993) me pregunta qué fue lo que más me gustó de mi viaje a Barcelona. Pienso, pienso un poco. Me dice también: «Te hubieras quedado allá». «Es que acá tengo trabajo», le contesto. Y luego le digo: «Me gustaba que cuando preguntaba alguna dirección en la calle, a una chica, ella sonreía». Casi no fui a los museos y nunca he ido al Parc Güell, aunque compré unas postales del Parc Güell y del Arc Bisbe que todavía no le regalo a nadie. La gente más joven, los estudiantes, los poetas de treinta años, como Daphné B. o como Ignacio Fernández, el chileno que me vendió el libro de Daphné B. una noche, en un restaurante de Barcelona, en el que según su propia confesión se había pasado sentado el día entero, para luego volver en la noche, digo, la gente más joven… esa noche, allí, estábamos también con Ana María Chagra, una editora argentina de talante combativo, que había vivido en Perú y México, con los Hora Zero y con los Infrarrealistas, y que ahora se encargaba de llevar adelante la editorial Ediciones Sin Fin, junto a Bruno Montané… para Ana María yo soy más joven, pero para mí Nacho Fernández y Amanda Pazmiño y Daphné B. son más jóvenes…

Desde que volví intentamos encontrarnos con Sofío. Él mismo se puso ese nombre. Lo conozco hace diez años. Fue, además, alumno mío no en una, sino en dos clases. Me envió sus poemas a España y yo se los pasé a Nacho. Dice en uno de sus poemas:

Las estrellas se alejan.
La muerte miraba su cuerpo.
Solo hay tiempo para arrebatar
una sonrisa a la espera.

Estamos sentados en el Freak Show, comiendo pizza y bebiendo cerveza. Sofío está con su novia, quien casi siempre se mantiene en silencio. Allí mismo estuvimos sentados con Amanda. Después, de la misma manera, nos subimos al Ecovía. Amanda me dijo: «En Guayaquil no puedes andar tranquilo cuando te subes a la Ecovía, que allá se llama de otra manera». Nacho, Amanda, Sofío tienen la misma edad. La misma edad que Daphné B., autora canadiense de Maquillada (2020; 2022).

Poco antes de marcharme de Barcelona le digo a Nacho que me acompañe a ver al Crítico, su tocayo. Me gusta pensar que Nacho y Sofío y a lo mejor Amanda son como los nuevos poetas infrarrealistas, tzántzicos, horazerianos… a lo mejor yo también lo soy; y mis contemporáneos, Amaru, Geracho, Sandra, Alvarito… Amanda viene de Guayaquil, que se ha convertido en una de las ciudades más violentas del mundo. Leo que Daphné presentó en noviembre pasado su libro en Buenos Aires. El libro se abre contando la historia de Grimes, una estrella punk que se declaraba antimperialista. Me imagino que, en Quebec, donde vive Daphné, ser antimperialista significa, entre otras cosas, ser también anticapitalista y anti-consumista y en cierta forma, anti-canadiense.

Pero Grimes se casó con el multimillonario Elon Musk, y sacó de su biografía el apelativo de antimperialista. Por acá, en el Tercer Mundo, no hace falta renunciar al capitalismo o al nacionalismo: la condición de parias, de sin patria, es común a la gran mayoría. ¡Todos quisiéramos irnos a vivir algún día a una ciudad como Quebec o Barcelona! ¿Por qué no nos vamos? Entre otras cosas, porque no podemos. Pero quien se anime a tomar un libro de Franz Fanon entre las manos se dará cuenta de lo que se siente vivir en las barriadas de la ciudad o del mundo. Quito también se ha vuelto una ciudad violenta: hay balaceras en las plazas de los pueblos y los barrios en los que antes uno podía salir a jugar con una pelota o a montar en bicicleta.

Caminamos con Nacho por las calles de Poble Sec. Barcelona es una ciudad muy cara; además, mi casera, que tuvo la gentileza de hospedarme durante un mes en Les Corts, todavía no se acuerda de devolverme la fianza… y eso que ya le he escrito como cinco veces. Me dijo: «Legalmente tengo un mes para devolvértela». Bueno, le quedan unos días… Íbamos con Nacho por las calles de Poble Sec o de El Raval y me iba contando su historia: sus abuelos eran de España y tras la guerra civil se fueron a América, a Chile. Ahora Nacho está de vuelta, !en el nombre de Chile!, !en el nombre de sus abuelos!, !en el nombre de él mismo! ¡En nombre de los estudios de Derecho que abandonó para venirse acá!

Me lleva a la librería de usado de Tony, un mexicano que dirige la Social. Cuando llegamos nos ofrece vino y yo le pregunto por los albures, esos dichos mexicanos. Le compro un libro de A. Jiménez, Picardía mexicana, del año 1973. Dice en Grafitos en los comunes, un capítulo del libro:

Vale una pura tiznada
nuestro partido oficial
porque, como este sitial,
tiene un olor a… manada.

Ana María se sienta a leer las picardías mexicanas y sonríe y dice que ahora resultarían políticamente incorrectas. Dice en Letreros en Los Camiones:

En Cada Biaje Un
Amor… Tiguador.

Un día antes o unas horas antes Ana me vendió un libro de Eunice Odio. Apenas ahora me pongo a leer la poesía de esta costarricense que fue amada por Williams Carlos Williams y murió en el olvido. «Aparece en los Detectives Salvajes», me dice Ana como para convencerme de que me lleve el libro: El Tránsito de Fuego, publicado en San Salvador en 1957. Leo: es una poesía musical y hermética. La segunda parte del libro es un diálogo entre Ión y Dédalo; aparecen después Arkhos, Nebo, Om. Resulta intrigante a esta hora de la madrugada. Me hace pensar en Sofío: «Quisiera leer a Thomas Pynchon. El Edmundi había leído todos los libros de Pynchon. Ya no me contesta los mensajes». Dice Eunice Odio:

IX

Están los cinco sentidos.
Con ellos puedo dar un paso y detenerme,
mover el alma,
designar el sueño,
tocarme el corazón y retenerlo;
herirme y escuchar cómo la sangre
sube, de su aposento,
por oscuras escalas a los ojos;
y sentir a los labios penetrar en la voz
con el húmedo gesto.

Puedo nacerme.
Sacar una sonrisa con presencia de lámpara,
aventurar un brazo como si fuera un álamo;
salir de mis entrañas
con una mano desconocida en alto,
impartiendo una rosa en son de movimiento.

Voy a nacerme,
espérenme las cosas.
Como antes interrúmpanse:
la manzana en la suma de todos sus bienes y atributos;
el fósforo en su sombra.
Ahora descansaré.
Ahora dormiré con la mitad del sueño.

«Voy a nacerme»: antes de partir le compro libros a Nacho, a Ana María, a Tony. Podría parecer que llevo mucha pasta encima, pero los compro porque primeramente nadie me los regala, y luego quiero llevármelos. Es lo que me puedo llevar. Además de las imágenes de la ciudad, los encuentros felices, las conversaciones a alguna hora incierta de la noche. Me he pasado los días en la biblioteca de Filología y apenas ahora, pocos días antes de marcharme, encuentro a Nacho y a Ana María y a Tony; apenas llegué la profesora Dunia Gras me dio las señas de La lata peinada y fui a ver libros allí. Compré uno de Carmen Ollé, que tiene prólogo de Dunia. Dice Carmen Ollé en Noches de Adrenalina (Lima, 1981; Barcelona, 2015):

De mis contemporáneos me alejan las dificultades de no ser trivial.
En la Gare de Nord cerré los ojos muy fuerte.
Vi París después de un viaje largamente sentada
en la butaca del ferrocarril con la pequeña en brazos
y la torre Eiffel partida por la niebla.
¿Qué son los campos Elíseos o la Gioconda sino el menaje
delegado a las jóvenes muchachas del Tercer Mundo?
Lavar pisos
refregar las estrellas.

Las jóvenes muchachas del Tercer Mundo, los jóvenes poetas, los indios: no tienen ninguna posibilidad frente a las grandes ciudades y a la maquinaria del capitalismo y a sus ejércitos. Daphné nos cuenta su historia angustiante, su adicción al maquillaje y al YouTube. Vive pobremente en Quebec, haciendo traducciones y cuando está en horas bajas se alquila como una baby sugar para un daddy sugar. Pero cuando está bien lee poesía y se pone a buscar información sobre cómo se produce el maquillaje y cómo se vende y también añora y desea a un sociólogo de Los Ángeles que prefiere ser su amigo que no su novio. ¡Se gasta el dinero del arriendo comprándose sombras y pintalabios! Finalmente, no es una chica tan diferente a las que viven por acá. Si vives en Canadá y eres poeta no es muy distinto a si vives en Quito y eres poeta: los ricos de Canadá y los ricos de Ecuador se parecen como se parecen los poetas de uno y otro lado. Y, sin embargo, las barreras entre un mundo y otro son cada vez más infranqueables. Y mientras el primer mundo tiene ricos como Musk que pretende colonizar Marte, en El Salvador Bukele mete a los jóvenes -sean o no pandilleros- en prisiones atroces. Muchos de los presos preferirían sin duda arriesgarse a colonizar Marte en lugar de vivir en una prisión nazi.

¿Qué te puedo decir, Nacho, del libro que me vendiste? Resulta interesante, claro. Es un ensayo bastante agudo y por eso mismo, bastante libre. ¿Lo pudo haber escrito una chica de Río de Janeiro o de Santiago? A lo mejor sí, pero tendría indudablemente otro tono. Finalmente, como diría Ángel Rama, uno no elige la cultura en la que nace y eso se ve luego en la escritura. ¿Cómo pudo escribir Eunice Odio aquello de «Voy a nacerme/espérenme las cosas». Ana María Chagra me contó que encontraron a Williams Carlos Williams muerto sobre su escritorio: sobre el escritorio tenía una foto de Eunice Odio.

Escribe Amanda Pazmiño:

En desacuerdo con Théatre D’Opera Spatial
Nuestra humanidad únicamente
puede retomarse con lo que ha sido creado
con ambas manos,
con la armonía de pensar
y el pensar del corazón luminoso.

Aquel que sabe ser hogar y resplandece.
Aquel que se habita.
Aquel imposible de abandonar.
Serenas manos sintieron
y escucharon latidos.

Así dieron origen al sonido del tambor.
Entonces danzar nació como un acto
de libertad infinita.
La gracia es vital
divinidad de lo humano creado:
la lucidez del alma y el latido.